Por: Daniel García Santana

Como todos sabemos, las principales ciudades de República Dominicana se ven afectadas por los constantes tapones, provocados principalmente por el crecimiento del parque de vehículos, que ya supera los 6.6 millones de unidades.

El Distrito Nacional, donde se concentra cerca del 30 % de los vehículos del país, es el territorio más golpeado por esta situación del tránsito. A pesar de las numerosas medidas anunciadas por las autoridades a lo largo de los años, el problema continúa sin una solución definitiva.

Sin embargo, la cantidad de vehículos no es la única causa de la congestión. También inciden la falta de educación vial y el escaso respeto a las normas de tránsito por una parte importante de los conductores, especialmente de los motoristas, quienes poseen el 57.9% del parque de vehículos nacional.

A propósito de los motociclistas, es justo reconocer las acciones emprendidas por la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (Digesett) para impedir su circulación por los túneles, una práctica que pone en peligro sus vidas y la seguridad de los demás usuarios de esas vías.

Entre las medidas planteadas por las autoridades para reducir la congestión del tránsito figura la implementación de horarios diferenciados para las actividades laborales y escolares, con el objetivo de evitar que una gran cantidad de vehículos coincida en las vías al mismo tiempo.

Las actuales vacaciones escolares han servido como una demostración de lo efectiva que podría ser esa propuesta. Desde el inicio de ese receso, a mediados del mes pasado, la circulación por las calles y avenidas del Gran Santo Domingo ha sido notablemente más fluida. Incluso, algunos trayectos pueden recorrerse hasta en una hora menos en comparación con los días normales de docencia en colegios y centros educativos públicos.

Las experiencias de pasadas y presentes vacaciones escolares confirman que establecer horarios escalonados para estudiantes y trabajadores podría convertirse en una herramienta eficaz para aligerar la circulación de vehículos.

Es momento de insistir en la aplicación de medidas concretas que mejoren de forma permanente la movilidad urbana. Los tapones no solo roban tiempo y reducen la productividad, sino que también incrementan los gastos de los conductores, especialmente en momentos en que los combustibles han registrado aumentos.

Las vacaciones escolares han demostrado que el tránsito puede mejorar. Ahora les corresponde a las autoridades decidir si esa mejoría será solo momentánea o el inicio de una solución permanente.

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