Los reyes Felipe VI y Letizia, acompañados por la reina Sofía, han asistido al funeral de Estado del rey Harald V de Noruega. La solemne ceremonia se ha celebrado en la catedral de Oslo. Su presencia conjunta en este acto pone de manifiesto la estrecha vinculación y la buena relación que existe históricamente entre ambas casas reales. Se trata de una cita de enorme calado que ha logrado reunir a quince jefes de Estado y a los principales representantes de las dinastías de todo el mundo para despedir al monarca noruego de manera oficial.

Para acudir a un evento de esta magnitud y de máxima solemnidad institucional, la reina Letizia ha optado por llevar una indumentaria de riguroso luto. Sin embargo, el detalle que más ha llamado la atención de su estilismo no ha sido la ropa en sí, sino una joya muy significativa que ha rescatado especialmente para la ocasión: un importante collar de perlas. Esta pieza no es una alhaja cualquiera, ya que pertenece al histórico y exclusivo lote de las conocidas “joyas de pasar”. Al elegir esta pieza, la Reina rinde un claro homenaje al monarca fallecido y saca a relucir una de las joyas con mayor peso de la Corona española.

La decisión de llevar este ornamento tiene un significado muy concreto en este tipo de actos. El uso de las perlas como joya ceremonial fúnebre no es una moda reciente, sino que posee una larga y arraigada tradición en las cortes europeas. Hoy en día, estas gemas se siguen considerando el ornamento más adecuado y respetuoso para acompañar el duelo por la pérdida de un jefe de Estado.

La tradición que ha respetado la reina Letizia

Para entender el motivo por el que las casas reales eligen perlas para despedir a sus difuntos, hay que viajar al pasado. Esta costumbre se consolidó a mediados del siglo XIX y lo hizo bajo el reinado de la reina Victoria del Reino Unido. Fue esta monarca británica quien fijó la regla de que, durante los periodos de luto oficial, la ostentación de los diamantes debía ceder obligatoriamente su espacio a la sobriedad y a la luz tenue que aportan las perlas finas.

Desde aquel entonces, esta norma dictada por la reina Victoria se ha mantenido viva. De hecho, en el funeral de Harald V celebrado en Oslo, casi todas las damas reales que han estado presentes han optado por lucir perlas en sus estilismos de luto. Por ejemplo, se ha podido ver a la reina Sonia de Noruega llevando un collar de varias vueltas; a la reina Máxima de los Países Bajos luciendo unos discretos pendientes de perlas; o a la reina Matilde de Bélgica, que llevaba puesto un importante ‘choker’ (una gargantilla) de este mismo material. Todas han seguido la misma tradición de respeto que doña Letizia.

Las perlas del collar en el funeral de Harald V

En el caso de España, el collar que doña Letizia ha llevado a Oslo tiene una historia muy bien documentada. Se trata exactamente del “collar con treinta y siete perlas grandes” que perteneció a la reina Victoria Eugenia de Battenberg, la bisabuela del actual rey Felipe VI. Esta joya forma parte de un conjunto muy especial porque la propia Victoria Eugenia lo dejó consignado por escrito en su testamento, el cual fue redactado y otorgado en la ciudad suiza de Lausana en mayo del año 1963.

En aquel importante documento histórico, la reina Victoria Eugenia ordenó que este collar de perlas, junto a otras de sus piezas más valiosas, pasara a formar parte de un lote indivisible. La regla principal que estableció para este joyero es que estaba destinado a transmitirse única y exclusivamente de reina a reina en el trono de España. De este modo, la familia real se aseguraba de mantener intacto un patrimonio que pasaría de generación en generación.

A lo largo de los años, fue la reina Sofía quien se encargó de custodiarlo, reservando este collar de treinta y siete perlas para momentos muy solemnes y, sobre todo, para contadas ceremonias fúnebres de Estado. Tras la proclamación de Felipe VI como rey en el año 2014, la reina Letizia asumió la custodia y el uso de todo este patrimonio. Desde entonces, ha recurrido a él en varias ocasiones de gran peso institucional. Ahora, ante las principales dinastías del mundo en la catedral de Oslo, el histórico collar ha vuelto a cumplir el propósito para el que fue pensado: transmitir la solemnidad y el respeto en el último adiós al rey de Noruega.

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