Por Ángel Puello
Hay decisiones que no representan un final. Representan un renacimiento.
La nueva etapa de El Nacional, ahora concentrado en su plataforma digital, debe verse precisamente así: como una decisión estratégica que mira hacia el futuro sin renunciar a la grandeza de su pasado. Después de casi seis décadas escribiendo una parte importante de la historia periodística dominicana, este emblemático medio inicia un nuevo capítulo que, lejos de disminuir su influencia, tiene el potencial de multiplicarla.
Desde su fundación, el 11 de septiembre de 1966, El Nacional se convirtió en mucho más que un periódico vespertino. Fue una escuela de periodismo, un espacio para el debate de las ideas, un escenario para la denuncia responsable y una tribuna permanente en defensa de la democracia, la institucionalidad y la libertad de expresión. Generaciones enteras crecieron con el hábito de esperar la llegada de la edición de la tarde, convirtiendo al diario en una de las marcas informativas más respetadas y queridas de la República Dominicana.
Hoy cambia el formato, pero no cambia la esencia.
La diferencia es que el periódico que antes acompañaba principalmente las tardes de los dominicanos, ahora tiene la oportunidad de acompañarlos más las veinticuatro horas del día. En la mañana, en la tarde, en la noche o en la madrugada; desde Santo Domingo, Nueva York, Madrid o cualquier rincón donde exista un dominicano conectado a internet. Esa es la verdadera dimensión de esta transformación.
Estoy convencido de que esta versión digital también hará historia.
Porque detrás de esa plataforma continúa existiendo uno de los mayores activos de cualquier medio de comunicación: el talento humano. Un equipo encabezado por su director, Bolívar Díaz Gómez, junto al subdirector José Antonio Torres, el jefe de Redacción Héctor Minaya y profesionales de amplia trayectoria como Luis Pérez Casanova, entre muchos otros periodistas y colaboradores, representa una combinación extraordinaria entre experiencia, credibilidad y conocimiento. Esa experiencia, sumada al empuje de las nuevas generaciones, puede convertirse en la fórmula perfecta para liderar una verdadera revolución informativa en el ecosistema digital.
En lo personal, siento un profundo orgullo de formar parte del grupo de articulistas que cada semana comparte ideas desde las páginas de El Nacional. Resulta especialmente gratificante cuando lectores me escriben para decirme que han leído un artículo o que un tema publicado terminó convirtiéndose en motivo de conversación en reuniones familiares, encuentros profesionales o peñas de amigos. Esa capacidad de provocar reflexión siempre ha sido una de las grandes fortalezas de este periódico.
Los desafíos del periodismo digital son enormes. La velocidad de la información exige mayor rigor, más innovación y una cercanía permanente con las audiencias. Pero también abre oportunidades que hace apenas unos años parecían imposibles.
Por eso aplaudo esta decisión. La interpreto como una apuesta valiente por el futuro, una demostración de que las grandes instituciones saben evolucionar sin perder su identidad.
Mi felicitación para cada periodista, editor, fotógrafo, diseñador, técnico, ejecutivo y colaborador que forma parte de esta prestigiosa casa periodística. Estoy seguro de que los mejores capítulos de El Nacional todavía están por escribirse.
Porque las páginas impresas hicieron historia, pero el universo digital permitirá que esa historia llegue más lejos, más rápido y a muchas más generaciones. El papel construyó el prestigio; la tecnología expandirá su legado. Y cuando eso ocurre con una marca que ha demostrado durante décadas compromiso con la verdad, el periodismo y la democracia, el futuro no inspira incertidumbre: inspira esperanza.
