Una trayectoria empresarial importante, pero una cualidad todavía más valiosa: la capacidad de cultivar amigos, familia, proyectos y nuevas generaciones.
Por Ángel Puello
Continúo esta semana con estos artículos que acostumbro publicar, en los que selecciono una figura del arte, el deporte, el mundo empresarial o de cualquier otra área del diario vivir.
A muchas de esas personas las conozco; a otras apenas me ha tocado saludarlas y a una gran mayoría simplemente he seguido sus labores a través de los medios de comunicación. Pero tienen algo en común: de una manera u otra les guardo admiración y reconozco sus aportes.
Porque creo que en nuestra sociedad vivimos demasiado pendientes de la crítica y muy poco dispuestos al reconocimiento.
Cuando alguien logra grandes metas también necesita el estímulo de saber que su esfuerzo es observado. No debemos esperar a que una persona muera para hablar de sus virtudes, proponer el nombre de una calle o descubrir repentinamente todo lo bueno que hizo.
Vamos a reconocer a la gente en vida.
Esta vez quiero hacerlo con un empresario y amigo: Domingo Dahuajre.
Cuando uno revisa parte de su trayectoria pública encuentra a un hombre que durante décadas ha estado relacionado con el mundo empresarial, las inversiones y diferentes iniciativas nacionales. Incluso ha formado parte de delegaciones empresariales dominicanas en viajes oficiales internacionales y desempeñó funciones en el Consejo de Administración de importantes instituciones del país . Su nombre también ha estado vinculado al asesoramiento empresarial y financiero.
Pero hay otra faceta que merece destacarse: su vinculación con el deporte.
Domingo ha acompañado el desarrollo de las artes marciales mixtas en República Dominicana a través de Fighting Force, proyecto encabezado por su hijo Rodolfo Dauhajre, donde ha desempeñado funciones ejecutivas. Esa organización ha impulsado eventos nacionales y alianzas internacionales que han contribuido a abrir espacios para atletas dominicanos.
Y precisamente ahí aparece una característica de Domingo que personalmente considero extraordinaria: su concepto de familia.
Hay empresarios que construyen empresas y hay otros que, además, construyen generaciones.
Domingo ha sabido integrar a sus hijos, acompañarlos, aconsejarlos, abrirles caminos y, sobre todo, confiar en ellos. Porque preparar a los hijos no significa impedirles equivocarse ni hacerles todo; significa entregarles herramientas, experiencia y confianza para que puedan construir su propio camino.
Quizás por eso, cuando converso con Domingo, nunca tengo la impresión de estar frente a una persona que piensa que ya llegó.
Todo lo contrario.
A veces parece que uno estuviera hablando con un muchacho de veintipico de años.
Tiene esa energía.
Siempre aparece una idea nueva, un proyecto, una posibilidad, algo internacional que observó, una innovación que podría funcionar aquí o una oportunidad que todavía otros no están mirando.
Y esa característica vale muchísimo.
Porque cumplir años es inevitable; envejecer las ideas es opcional.
Domingo todavía tiene mucho por hacer y mucho por demostrar. Conserva esa curiosidad indispensable para quien quiere seguir avanzando en un mundo donde todo cambia rápidamente.
Pero si tuviera que destacar una riqueza suya por encima de cualquier patrimonio material, escogería otra: la gente.
Su facilidad para sumar amigos.
Su sencillez en el trato.
Su don de gente.
Su disposición a conversar, orientar, conectar personas y preocuparse por los demás.
El dinero permite adquirir muchas cosas, pero hay una fortuna que no aparece en ningún estado financiero: poder llegar a diferentes lugares y encontrar personas que se alegren sinceramente de verte.
Eso se construye durante años.
Se construye siendo amigo cuando no hay cámaras, ayudando cuando nadie se entera, contestando una llamada, ofreciendo un consejo y entendiendo que ninguna posición empresarial debe colocar a una persona por encima de los demás.
Por eso he querido dedicarle estas líneas.
No porque Domingo Dahuajre necesite que alguien escriba sobre él, sino porque nosotros necesitamos desarrollar más la cultura de reconocer.
Reconocer al artista que hizo historia.
Al deportista que levantó nuestra bandera.
Al empresario que generó oportunidades.
Al amigo que estuvo presente.
Al padre que supo acompañar a sus hijos.
Y al ser humano que, después de alcanzar posiciones importantes, conserva la capacidad de sentarse, conversar, escuchar y continuar soñando.
Hay personas cuya verdadera riqueza puede calcularse.
Y existen otras cuya mayor fortuna simplemente se cuenta por la cantidad de personas que pueden llamar amigos.
Creo que Domingo Dahuajre pertenece a estas últimas.
Y qué bueno poder decírselo ahora.
En vida.
