Por. Eduardo Álvarez

Por ende, prudente, equilibrado y sostenible. Sin ceder a presiones, se mueve cuidadosamente entre la empatía y las exigencias procedentes de distintos grupos a lo interno, y de las manifestaciones que surgen, por lo general, como “matriz de opinión” para tratar de imponerse como mandato. Fallido propósito cuando el liderazgo político lo descarta.

Al identificar probablemente y desechar los intentos de asociarlo a determinado aspirante, el presidente Luis Abinader reafirma y potencia su liderazgo, como estadista y como figura principal del PRM. Se coloca por encima de las controversias ocasionales derivadas las manifestaciones de competencia entre los aspirantes.

Su destreza en el manejo prudente y responsable destaca a menudo, incluso en sus amables y firmas maneras de colocarse al margen, conservando el espíritu de colaboración y compañerismo propio de las relaciones sostenibles a mantener con los integrantes de su gobierno y del Partido. Todos y cada uno forman parte del Estado y están comprometidos, como el Presidente, con el porvenir del país.

Esta es, al mismo tiempo, una propuesta que también demanda el compromiso y la participación consciente de cada candidato. Dicho en en términos llanos y directos, conviene al propio PRM y a la autoridad que representan, que la disputa tenga lugar sin la influencia del presidente, a no ser como árbitro, como factor de equilibrio y de conciliación de ser necesario. Rol en que Abinader ha sido, es y será un participante de primer orden.

Visto el desempeño de este proceso en desarrollo, podemos adelantarnos a augurar resultados favorables a la institucionalidad del PRM, la consolidación del liderazgo de Luis Abinader y la madurez democrática del país.

El éxito de toda contienda política, incluso las internas partidistas, contribuyen sin duda al afianzamiento del sistema, es decir, de nuestra democracia.

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