Después de que en abril de 2022 Jennifer López revelase su compromiso con Ben Affleck, todo fue de mal en peor. Poco más de dos años después, tras una boda sureña y reparto de azúcar a mansalva en actos públicos y redes sociales, llegaba el desastre.

El principio del fin de una ruptura que comenzó en enero de 2024, cuando la pareja protagonizó una discusión volcánica en una famosa joyería y cada uno salió de allí por separado.

El 28 de junio de ese mismo año se vio cómo el actor sacaba sus pertenencias de la casa de Los Ángeles que compartía con Jennifer Lopez para constatar que las tensiones matrimoniales eran un hecho. Y la demanda de divorcio llegó poco menos de un mes después, el 20 de agosto. Cuando la cantante solicitó formalmente el divorcio del actor sin abogados, representándose a sí misma.

«Es esto lo que exactamente necesitaba. Gracias, Dios. Lamento que me haya llevado tanto tiempo. Lamento que hayas tenido que hacerme esto tantas veces. Debería haberlo aprendido hace dos o tres veces. Lo entiendo. Tuviste que golpearme muy fuerte en la cabeza con un maldito mazo. Me dejaste caer la casa encima. No tienes que hacerlo de nuevo», dijo ella durante una entrevista concedida en octubre de ese año.

Por su parte, él se mantuvo oculto de los focos y sin ofrecer una sola declaración en profundidad para hablar de la crisis en su matrimonio.

No fue hasta el pasado mes de marzo cuando el intérprete confesó durante una entrevista con ‘GQ’ que su ex manejaba «la fama más apropiadamente» que como lo ha hecho él: «Mi temperamento es algo más reservado y privado que el suyo», compartió. Lo cual podría haber sido la causa de algunos de sus problemas: «¿Esto es interesante porque cómo te reconcilias con eso? Porque quiero y apoyo a esta persona. Creo en ella. Es genial. Quiero que la gente lo vea», afirmó.

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