Más allá de las banderias políticas e históricas, una idea se repite en tres momentos distintos: fortalecer un país formando a su gente con el conocimiento de los mejores profesionales y recuperando el talento que emigró.

Por Angel Puello 

Toda nación que ha dado un salto extraordinario en su desarrollo ha entendido una verdad sencilla: la mayor riqueza de un país no está debajo de la tierra, sino dentro de la mente de su gente.

Cuando se analizan las luces del gobierno de Rafael Leónidas Trujillo, incluso entre historiadores con visiones muy diferentes sobre ese período, suele reconocerse que una de sus apuestas fue atraer especialistas extranjeros para impulsar áreas estratégicas del país. Ingenieros, arquitectos, agrónomos, técnicos, maestros y profesionales de diversas disciplinas llegaron desde Europa, América y otros lugares para participar en grandes proyectos nacionales. La inmigración de refugiados españoles después de la Guerra Civil, así como técnicos provenientes de distintos países, contribuyó al fortalecimiento de la agricultura, la educación y la infraestructura nacional. Entre los casos más conocidos figura el asentamiento agrícola de refugiados en Sosúa, además de la participación de expertos extranjeros en obras públicas, planificación urbana y proyectos de desarrollo. 

Muchas de las edificaciones levantadas durante aquella época todavía forman parte del patrimonio arquitectónico dominicano. Más importante aún, esos especialistas no solo construyeron edificios; transmitieron conocimientos a generaciones de dominicanos que luego multiplicaron ese aprendizaje formando nuevos profesionales. Esa transferencia de conocimientos creó una cadena de capacitación cuyos efectos se extendieron durante décadas.

La historia demuestra que cuando un país importa conocimiento, termina exportando capacidad.

Décadas después, El Salvador vuelve a colocar ese debate sobre la mesa. El presidente Nayib Bukele impulsa una estrategia de modernización basada en atraer inversión tecnológica, incorporar inteligencia artificial al sistema de salud y fortalecer capacidades mediante alianzas con empresas internacionales y especialistas de alto nivel. Paralelamente, el gobierno salvadoreño ha reconocido la contratación de especialistas extranjeros en determinadas áreas médicas para cubrir necesidades y elevar el nivel de atención mientras amplía la formación de nuevas especialidades nacionales. 

Detrás de lo hecho por Trujillo y ahora Bukele,  existe una idea estratégica que muchos países desarrollados aplican desde hace décadas: competir por atraer el mejor talento disponible.

Resulta interesante que, desde hace más de trece años, Ramfis Domínguez Trujillo ha planteado públicamente una propuesta que gira precisamente alrededor de ese concepto. En múltiples entrevistas y comparecencias ha hablado de impulsar una especie de «operación retorno» para facilitar que profesionales dominicanos radicados en Estados Unidos, España y otros países puedan regresar, aportando sus conocimientos al desarrollo nacional.

La República Dominicana posee miles de médicos, ingenieros, investigadores, científicos, especialistas en tecnología, arquitectos, profesores universitarios y profesionales altamente calificados que hoy trabajan con éxito en hospitales, universidades y empresas de distintos continentes.

No emigraron porque dejaran de amar su patria.

En muchos casos emigraron buscando mejores oportunidades para ejercer su profesión.

Como presidente de la Fundación Todo es Posible, he conocido numerosos casos de madres y padres que viven con la nostalgia de tener a sus hijos lejos del país. Hijos que hoy son médicos reconocidos, investigadores, especialistas en tecnología, ingenieros o profesionales exitosos que ponen diariamente su talento al servicio de otras naciones.

Cada uno de esos dominicanos representa un enorme capital humano.

Recuperar parte de ese talento significaría recuperar experiencia internacional, innovación, disciplina y capacidad para formar nuevas generaciones.

La propuesta de Ramfis no se limita únicamente al retorno de la diáspora profesional. También ha planteado atraer especialistas extranjeros en áreas como agricultura, construcción, tecnología, inteligencia artificial, infraestructura, educación y salud, con el propósito de transferir conocimientos y acelerar el desarrollo nacional.

Más que importar mano de obra, la idea consiste en importar conocimiento.

Y cuando ese conocimiento queda sembrado en los profesionales dominicanos, el beneficio permanece durante generaciones.

Hoy muchos dirigentes políticos hablan de imitar el modelo de Bukele en distintos aspectos. Independientemente de las simpatías o diferencias que puedan existir, conviene recordar que la competencia por atraer talento, fortalecer el capital humano y recuperar cerebros emigrados constituye una estrategia aplicada por numerosos países y que propuestas de ese tipo han sido defendidas por Ramfis Domínguez Trujillo desde años antes de algunas de las iniciativas recientes implementadas en El Salvador, según sus planteamientos públicos.

Las naciones más exitosas del siglo XXI no serán necesariamente las que posean más recursos naturales.

Serán aquellas capaces de atraer, formar, retener y recuperar a los mejores talentos.

Porque, al final, ninguna riqueza supera a una mente preparada puesta al servicio de su propio país. 

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