Más allá de las diferencias políticas, hay trayectorias que merecen respeto. La del ingeniero Tomás Hernández Alberto es una de ellas: una vida dedicada al agro, al servicio público y a una forma de hacer política donde la cercanía humana sigue siendo una de sus principales fortalezas.

Por  Ángel Puellon

Dentro de esta serie de artículos que cada semana dedicamos a personas que, por sus cualidades humanas, profesionales o por el afecto y respeto que despiertan en distintos sectores de la sociedad, hoy corresponde reconocer al ingeniero Tomás Hernández Alberto.

La política, muchas veces, coloca a las personas en aceras diferentes. En nuestro caso, hemos transitado tradicionalmente por proyectos políticos distintos. Sin embargo, eso jamás ha impedido que exista una relación de respeto, afecto y admiración mutua. Porque cuando la amistad es auténtica y el reconocimiento nace de los hechos, las diferencias partidarias pasan a un segundo plano.

Si algo ha distinguido a Tomás Hernández Alberto durante décadas es su profunda identificación con el campo dominicano.

Mucho antes de que el tema agropecuario volviera a ocupar titulares, él ya recorría comunidades rurales, escuchando productores, conociendo sus dificultades y defendiendo la necesidad de fortalecer la producción nacional. Quienes siguieron de cerca el gobierno del presidente Hipólito Mejía recuerdan que Hernández Alberto fue uno de los funcionarios más activos de esa administración al frente del Instituto Agrario Dominicano (IAD), desde donde impulsó iniciativas vinculadas a la organización agraria, la titulación y el fortalecimiento del desarrollo rural.  

Su formación como ingeniero agrónomo nunca fue un simple título universitario. Siempre se reflejó en su manera de comprender el país. Para él, el campo no ha sido únicamente un sector económico, sino un componente esencial de la identidad nacional y una herramienta para combatir la pobreza, generar empleos y garantizar la seguridad alimentaria.

A lo largo de los años ha mantenido una presencia constante en los debates relacionados con la agricultura, el desarrollo rural y las políticas públicas dirigidas a los productores. Esa coherencia le ha valido reconocimiento dentro y fuera de su organización política, donde frecuentemente se destaca su experiencia técnica, su conocimiento del sector agropecuario y su capacidad de liderazgo.  

Pero reducir a Tomás Hernández Alberto únicamente al tema agrícola sería injusto.

También posee una cualidad comunicacional poco común. Habla con sencillez, transmite cercanía y logra explicar asuntos complejos con un lenguaje que cualquier ciudadano puede comprender. Esa facilidad para comunicar ha sido una de las razones por las que durante años ha ocupado posiciones de vocería y representación política, siendo reconocido por su capacidad de construir consensos y mantener relaciones respetuosas incluso con quienes piensan diferente.  

Quienes lo conocen resaltan igualmente otro rasgo difícil de encontrar en estos tiempos: su trato humano.

Es de esas personas que saludan con la misma cortesía al pequeño productor que al dirigente político; que escucha antes de responder y que entiende que el ejercicio del liderazgo también consiste en saber tender puentes.

En una época donde abundan los discursos agresivos y la confrontación permanente, Tomás Hernández Alberto ha preferido cultivar una imagen basada en la serenidad, la experiencia y el contacto directo con la gente.

Quizá por eso genera respeto incluso entre adversarios políticos.

Porque, al final, las organizaciones cambian, las coyunturas pasan y las campañas terminan. Lo que permanece es la trayectoria, la palabra empeñada y la huella que una persona deja en quienes han compartido con ella.

Y si hay algo que difícilmente podrá discutirse sobre Tomás Hernández Alberto es que ha dedicado buena parte de su vida a defender el campo dominicano, a creer en sus productores y a recordar que el futuro de una nación también comienza donde nace cada cosecha. Esa vocación de servicio, unida a su calidad humana y a su capacidad para dialogar con todos, constituye el legado que hoy merece ser reconocido.

angelpuello@gmail.com

Si te gustó compartelo!