Entre la burocracia y el dolor: ¿quién responde ahora por los niños con autismo que no pueden pagar?
Por Ángel Puello
Hay momentos en los que un país tiene que mirarse al espejo… y decidir si todavía le queda alma.
Porque detrás de este caso no hay solo un médico, ni una resolución administrativa, ni un informe técnico.
Detrás de esto hay madres llorando en silencio, padres desesperados buscando una esperanza, y miles de niños que dependen de algo tan simple y tan difícil como una oportunidad.
Hoy hablo como ciudadano. Como dominicano. Como ser humano.
Y sí, también como presidente de la Fundación Todo es Posible.
Lo ocurrido con el doctor José Ernesto Fadul ha generado una indignación que no es casual. Es el reflejo de una realidad que duele: el altísimo costo de tratar el Trastorno del Espectro Autista (TEA) en la República Dominicana.

La Dirección General de Medicamentos, Alimentos y Productos Sanitarios (DIGEMAPS) detectó ( según ellos )irregularidades en el manejo de suplementos utilizados en su consultorio, señalando prácticas como el fraccionamiento, reenvasado y distribución sin controles sanitarios adecuados, lo que llevó al cese inmediato de estas prácticas .
Ese es el hecho al público .
Pero la historia no termina ahí.
Porque mientras el papel dice una cosa, la vida real dice otra.
Y la vida real está llena de testimonios.
Miles.
Padres que no podían pagar tratamientos que cuestan fortunas.
Familias que habían probado todo… sin resultados.
Y niños que, según quienes los rodean, comenzaron a mostrar mejorías cuando recibieron ayuda.
Ayuda gratuita.
Eso es lo que muchos no están diciendo con suficiente fuerza.
El propio doctor Fadul lo expresó con dolor: ya no puede seguir ayudando a esas madres, a esos niños, porque se le impide continuar con esos tratamientos .
Y esa frase “no puedo ayudarlos más” no es solo una declaración.
Es un golpe.
Un golpe directo a miles de hogares dominicanos.
Aquí es donde el país tiene que hacerse preguntas incómodas:
¿Quién está pensando en los que no pueden pagar?
¿Quién responde por esas familias ahora?
¿Quién sustituye esa ayuda que, guste o no, existía?
Porque es muy fácil cerrar una puerta.
Lo difícil es abrir otra.
Y sí, hay que decirlo sin miedo: el sistema de salud en torno al autismo se ha convertido en un negocio extremadamente costoso.
Demasiado costoso.
Y cuando alguien irrumpe en ese sistema ofreciendo alternativas, aunque imperfectas, aunque cuestionadas, pero accesibles… entonces empiezan los conflictos.
Porque donde hay intereses económicos grandes, siempre habrá resistencia.
No estoy diciendo que las autoridades no deban regular. Claro que sí.
La salud no puede jugarse.
Pero tampoco puede ignorarse el contexto humano.
Porque si algo queda claro en este caso es que estamos ante un choque entre la norma… y la necesidad.
Entre la ley… y la desesperación.
Al doctor Fadul lo conocí primero en los medios.
Luego en el Partido Esperanza Democrática (PED), donde he visto más de cerca su vocación de servicio, su sensibilidad humana, su deseo genuino de ayudar a quienes más lo necesitan.
No hablo de teorías.
Hablo de vivencias.
Hablo de una persona que ha conectado con el dolor de la gente.
Y también sé que desde el partido , su presidente Ramfis Dominguez Trujillo con el apoyo de todos sus miembros , se han detenido acciones de apoyo público hacia el Dr. Ernesto Fadul precisamente para evitar que esto se malinterprete como un aprovechamiento político.
Eso dice mucho.
Porque en este país, donde todo se politiza, detenerse por respeto también es una forma de responsabilidad.
Pero el silencio no puede ser eterno.
Porque el dolor de la gente no espera.
Hoy miles de familias se sienten desamparadas.
Hoy hay niños que podrían ver frenado su avance.
Hoy hay padres que vuelven al punto cero.
Y eso es lo que realmente debería indignarnos como nación.
No solo lo que pasó.
Sino lo que viene después.
La República Dominicana no puede seguir siendo un país donde la salud es un privilegio.
No puede seguir siendo un país donde el que no tiene dinero… simplemente se queda atrás.
No puede seguir siendo un país donde ayudar, en lugar de ser reconocido, termina siendo castigado sin ofrecer soluciones inmediatas.
Este no es un llamado a la rebeldía.
Es un llamado a la conciencia.
A la reflexión.
A la humanidad.
Porque al final del día, más allá de informes, leyes y decisiones…
Hay niños.
Y un país que será juzgado por cómo los trató.
Y ojalá que cuando ese momento llegue…
No tengamos que bajar la mirada.
