Por José Alfredo Guerrero
El índice de morosidad, al igual que el de eficiencia, es un indicador intuitivo. Once de cada diez personas saben que moroso es un sambenito para todo aquel que no devuelve la liquidez recibida más el interés pactado en los plazos convenidos.
En los préstamos bancarios la frecuencia normal para el pago de cuotas es mensual, que es la misma con que acreditan a sus depositantes la proporción del valor a recibir durante el plazo prometieron no tocar los recursos.
En este último caso el banco está obligado a pagar a todos los depositantes sin importar que, por ejemplo, a fin de mes no colecte de los deudores todas las cuotas.
En realidad es probable que el único caso de 100% de cobro de cuotas en clientes de préstamo se da en el momento que el 100% de la cartera es de empleados y el descuento es por nómina.
Con los cinco primeros préstamos a no vinculados la probabilidad pasa a ser mayor que cero. De ahí la importancia para los bancos tratar de dar líneas de crédito y contemplar planes de pago realistas para los clientes en la mayoría de los productos bancarios que ofrecen.
Con excepción del misterio con las tarjetas de crédito esa es la norma para las aprobaciones de préstamos cuando la actividad bancaria se desarrolla con cierta estabilidad macroeconómica.
El catalogo de indicadores financieros de la Superintendencia de Bancos, en la versión de julio 2022, define el índice de morosidad como uno que “Mide el balance de capital de la cartera de crédito vencida como porcentaje del balance de capital excluyendo rendimiento.
Ofrece información sobre el perfil de riesgo de crédito de la entidad. Mientras mayor es el indicador, mayor es el nivel de riesgo de crédito.” Y en el portal de consultas interactivas SIMBAD, diseñado y creado por el nuevo equipo gerencial de esa entidad, se presenta para cada indicador financiero las cuentas involucradas en el cálculo.
Para este indicador de morosidad la imagen presenta las cuentas involucradas. En el numerador la cartera de manzanas que están empezando a dar problemas, aquellas a las que se les puso un tratamiento que no funcionó y aquellas con daño total en que se busca compensación en justicia.
Estas se cuentan y se dividen entre todas, sin sacarlas del canasto o el barril, porque en los bancos no se da literalmente eso de que una manzana mala daña a todas las demás.

¿Como andaba la situación de este indicador para junio de 2023? El informe trimestral de la Superintendencia de Bancos explica:
“La morosidad de la cartera de crédito se ha reducido a niveles históricamente bajos, manteniéndose en 1.1% durante los últimos 13 meses (excluyendo abril y mayo cuando marcaron 1.2%); el nivel más bajo en los últimos 7 años (84 meses).”
¿Y en estos dos meses? Para eso está SIMBAD. Cada indicador tiene el valor actual (en este caso hasta agosto 23), el del mes y año anterior con sus respectivas variaciones.
Al final está un gráfico de línea o sparkline que muestra la tendencia del indicador que ha seguido continuado su tendencia decreciente. Al colocarse sobre cada punto de la línea se tienen los valores.

Con SIMBAD también se tienen gráficos comparativos por entidades. En la gráfica, por ejemplo, está la morosidad por bancos.

¡Ah, pero si solo es un 1% que está moroso no entiendo la razón llamen tanto para ponerse al día! En realidad es 1% precisamente por la labor continua de seguimiento que dan los bancos cuando ven que el día de pago no aparece por la caja ni tampoco llega la transferencia.
El primer paso lo dan para conocer las razones del incumplimiento y, tal como le explican los consultores financieros, lo más importante es dar la cara, tomar la llamada, analizar si es asunto coyuntural y estar siempre en comunicación con la entidad. Su interés no es confiscar garantía tampoco hacerle daño.
Evite que el caso pase abogados externos. Si ahí llegó, entonces, por igual a dar la cara y ver qué arreglo es posible.
Los bancos delegan esas funciones cuando el volumen no lo pueden manejar en oficinas y éstos también tienen interés en que la solución no llegue a una cobranza judicial termine con embargos de garantía o persecución de otros bienes para honrar la deuda.
Mientras muestre disposición de hacer ajustes y sea con ellos “simple como un anillo” y “claro como una lámpara” encontrará soluciones a los créditos que no se pueden honrar en los plazos establecidos.
