Medio Oriente se encuentra al borde de una gran guerra regional después de que Estados Unidos e Israel lanzaran este sábado un gran ataque sobre Irán, y este respondiera bombardeando varios países de la zona en los que Washington tiene bases militares.
Jordania, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Kuwait y Arabia Saudita, además del propio Israel, fueron objetivo de los misiles iraníes, alimentando el temor a que el conflicto se extienda por toda la región.
Todos ellos son países alineados con Washington que, además, mantienen tensas relaciones con el gran vecino chiíta.
Irán, por su parte, ha cultivado, durante décadas un «eje de resistencia» para contrarrestar la influencia de Estados Unidos e Israel en Medio Oriente y convertirse en un gran líder regional.
La alianza conformada por grupos como Hamás en Gaza, Hezbolá en Líbano, los hutíes en Yemen, y otros en Irak y Siria – la mayoría de los cuales son considerados como entidades terroristas por algunos países occidentales- se convirtió en un dolor de cabeza para la inteligencia y los gobernantes israelíes durante años.
En el mundo, Teherán también se dedicó a trazar alianzas con países cuyos gobernantes compartían su ideología antiestadounidense, como el presidente de Rusia, Vladimir Putin, y los expresidentes Bashar al Assad, de Siria, y Nicolás Maduro, de Venezuela.
Pero esta alianza está hoy más debilitada que nunca.
Muchos de sus simpatizantes, a los que Irán ha financiado y formado, se encuentran debilitados, algunos han caído y otros están al borde del colapso.
Maduro se encuentra preso en Estados Unidos y Bashar al Assad se vio obligado a huir de su país tras ser derrocado.
Hezbolá -que durante mucho tiempo fue uno de los enemigos más temidos de Israel- ha quedado reducido tras una serie de ataques israelíes contra sus instalaciones y su alto mando, mientras que Hamás está muy debilitado tras su guerra con Israel en Gaza.
