Los fines de semana y días libres son ocasiones ideales para hacer planes con familiares y amigos. No obstante, seguro que todos conocemos a alguien —incluso podemos ser nosotros mismos— que prefiere pasar tiempo solo. Aunque esto puede parecernos un síntoma de aislamiento, la realidad es que se trata de una práctica que reporta importantes beneficios, puesto que ayuda a pensar con más claridad y fomenta la creatividad, entre otros.
Según la psicología, se trata de momentos que refinan las prioridades y renuevan la energía, permitiendo mejorar la calidad de las relaciones, puesto que centra más la atención en las cosas que realmente importan. Más allá de esto, generalmente se trata de personas que comparten una serie de características comunes.
Más facilidad para establecer límites
En primer lugar, elegir la soledad es una buena manera de establecer límites claros y prevenir el agotamiento. Gracias a estos momentos con uno mismo, se reenfocan las necesidades reales, mejorando aspectos como la capacidad de atención.
Por otra parte, algo que resulta evidente es que demuestran una independencia emocional mayor que la del resto. Para estas personas, el valor personal no está vinculado a la capacidad de interacción social, por lo que cuando hay momentos de altibajos, son capaces de analizarlos y controlarlos por sí mismos.
Aquellos que se sienten cómodos en la soledad tienden a ser muy selectivos con los vínculos, de ahí que lo habitual es que tengan pocos amigos, pero de gran calidad, en lugar de un círculo muy extenso de amistades. Aunque algunas personas consideren que tener dos o tres amigos cercanos es una «mala señal», no siempre tiene que ser así.
Momentos de silencio y mayor flujo de ideas
Y es que, muchas veces influenciados por las redes sociales, sentimos que estar rodeados de muchas personas es indicativo de que se es mejor persona o más sociable. No obstante, los expertos hacen hincapié en que una persona puede estar siempre rodeada de otras personas, pero en el fondo sentirse muy sola.
Por último, cuando no se dispone de distracciones externas de otras personas, el entretenimiento ha de surgir de uno mismo. Los momentos en soledad son, casi siempre, momentos de silencio, lo que da lugar a un mayor flujo de pensamientos e ideas. Si bien el punto más negativo es que suelen procesar lo que sienten de forma interna, sin hablarlo con otras personas, algo que a la larga puede ocasionar esa «soledad no deseada».
