Por Daniel García Santana

Una alimentación sana, la práctica regular de ejercicios y el cuidado de nuestros pensamientos están entre los hábitos más importantes para alcanzar una vida plena y alejada de las enfermedades, de acuerdo con especialistas en salud.

En ese sentido, la sal y el azúcar se encuentran entre los ingredientes de la dieta diaria que más amenazan el bienestar del cuerpo humano cuando no son debidamente controlados. Su consumo excesivo está vinculado a múltiples afecciones que deterioran la calidad de vida desde edades tempranas.

Por eso, resulta justo aplaudir los esfuerzos realizados por el Instituto Nacional de Bienestar Estudiantil (Inabie) en el diseño de menús con menos sal en los alimentos servidos a más de 1.9 millones de estudiantes, así como a docentes, personal administrativo y de apoyo, en los más de 7,000 centros del sistema público de educación del país.

El aporte de sodio en los alimentos ofrecidos por esa institución pasó de representar un 88 % a un 48 % del límite diario recomendado. Ese cambio significa que en las escuelas se ingiere ahora casi la mitad de ese componente de la sal, cuyo exceso en la dieta puede provocar retención de líquidos y elevar los riesgos de enfermedades cardiovasculares.

Reducir el consumo de sal es ganar una batalla directa a favor de la salud, ya que una alimentación infantil equilibrada contribuye a prevenir problemas de presión arterial y afecciones cardiovasculares en la vida adulta.

Otro paso importante dado por el Inabie en favor de la salud estudiantil es la reformulación de los productos del desayuno escolar, con un aporte de azúcares inferior al 5 % del total de la energía diaria que requiere un niño, en consonancia con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Esa sabia decisión, impulsada por la gestión que encabeza su director ejecutivo, Adolfo Pérez, permite ofrecer desayunos escolares balanceados, evitar la exposición temprana a sabores excesivamente dulces y reducir los riesgos asociados al sobrepeso y la obesidad, factores que abren las puertas a la diabetes y otros males crónicos.

Más allá de lo inmediato, la elaboración de menús con menos sal y azúcar en los centros educativos contribuye a la formación de paladares menos dependientes de estos componentes, proyectando un futuro de dominicanos más sanos y conscientes de su alimentación.

La creación de hábitos saludables en el sistema educativo público, mediante la reducción del consumo de sal, el control del azúcar y otras medidas impulsadas por el Inabie a través de su Dirección de Salud y Nutrición, puede convertirse en una poderosa herramienta para disminuir en toda la sociedad la hipertensión y la diabetes, dos de las enfermedades que mayor carga representan para la población dominicana.

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