Por Ángel Puello

Cada fin de semana, en este espacio de opinión de grandiario.net, me impongo una disciplina que he convertido en tradición: escribir sobre figuras de la comunicación, del arte, del periodismo y del medio público en general. Lo hago sin cálculos políticos, sin compromisos ocultos y, muchas veces, sin que exista más que un saludo lejano o la lectura atenta de sus trabajos. Creo firmemente que en un país donde los titulares suelen resaltar lo negativo, también es justo y necesario reconocer trayectorias, cualidades humanas y aportes que construyen.

Hoy, 14 de febrero, Día del Amor y la Amistad, el calendario de publicaciones (sin que yo lo planificara con intención simbólica) me colocó frente a un nombre que merece ser resaltado: Félix Reyna, actual director de Estrategia y Comunicación Gubernamental (DIECOM). Y la coincidencia no puede ser más significativa.

Conocí a Félix hace más de 40 años en el antiguo Canal 7 de Rahintel. En aquellos tiempos era uno de los principales ejecutivos del grupo, vinculado a la direccion noticiosa y a la dirección del diario La Noticia. Era un hombre adelantado a su tiempo en materia informativa, siempre atento al ritmo cambiante de la comunicación y al peso que tienen las noticias en la construcción de la opinión pública. Pero más allá de su capacidad profesional, lo que más se comentaba entonces —y lo que más permanece en mi memoria— era su calidad humana extraordinaria.

Félix Reyna siempre fue cercano, afable, respetuoso, comunicativo. Un ejecutivo con trato de amigo. Un profesional con sensibilidad social. No era de esos que se encierran en la oficina detrás de un cargo; era de los que caminaban el pasillo, saludaban por el nombre , escuchaban con atención y tomaban las llamadas al estar disponible.

La vida, con sus ritmos y responsabilidades, nos ha llevado por caminos paralelos. Podría decir que tengo años sin estrecharle la mano y que nuestras conversaciones telefónicas han sido escasas, producto de las múltiples ocupaciones que ambos asumimos. Pero hay amistades que no necesitan frecuencia para mantenerse vivas; se sostienen en el respeto y en la admiración mutua.

Una mayoría coincide en atribuirle a Félix Reyna cualidades que no se improvisan: prudencia en el manejo de la información, visión estratégica, capacidad de conciliación, firmeza sin arrogancia, lealtad institucional, sensibilidad humana y una ética profesional que ha sabido preservar en escenarios complejos. Quienes han trabajado a su lado destacan su serenidad en momentos de presión y su disposición al diálogo aun en medio de diferencias.

Y aquí quiero detenerme en algo que considero esencial: la amistad verdadera sabe dividir. Félix puede estar en una posición política con la que yo no necesariamente coincida en todos los puntos; yo puedo asumir posturas distintas en determinados temas. Pero eso nunca ha sido obstáculo para el respeto ni para el afecto. La amistad madura entiende que las ideas pueden diferir sin que el cariño se fracture.

En tiempos donde la polarización pretende reducir a las personas a una etiqueta, resulta refrescante recordar que antes que cargos y posturas, somos seres humanos. Y en ese terreno, el de la humanidad, Félix Reyna ha sabido sembrar una reputación sólida.

Además de su trayectoria pública, quienes le conocen de cerca resaltan su rol como padre, como amigo leal y como hombre de principios. No es solo el director de una institución estratégica; es un ser humano que ha cultivado relaciones duraderas basadas en la confianza.

Por eso celebro que, sin haberlo planificado, este 14 de febrero me haya tocado escribir sobre él. Porque la amistad no siempre se manifiesta en abrazos frecuentes; a veces se expresa en el reconocimiento sincero. Y reconocer en vida, sin intereses y sin cálculos, es también una forma de afecto.

Espero que al leer estas líneas, que quienes solo conocen la faceta institucional de Félix puedan descubrir aquí otra cara: la del hombre cercano, el profesional íntegro y el amigo que entiende que las diferencias no cancelan el respeto.

En un país que necesita más puentes que muros, más reconocimiento que ataques, hoy elijo celebrar la amistad, la trayectoria y la calidad humana de Félix Reyna. Porque cuando el tiempo pasa y las agendas cambian, lo que realmente permanece es la huella que dejamos en los demás. Y esa, en su caso, ha sido profundamente positiva.
angelpuello@gmail.com

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