Rodrigo Castañeda, representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en República Dominicana, delineó los principales desafíos que enfrenta el sector alimentario del país y ofreció recomendaciones para enfrentar una crisis alimentaria que se agudiza debido a factores climáticos y económicos.

Castañeda destacó el incremento de la demanda de alimentos en un contexto marcado por la incertidumbre y la vulnerabilidad. Dijo que los productores agrícolas en República Dominicana enfrentan mayores costos y dificultades para adaptar sus métodos a un entorno cada vez más afectado por el cambio climático.

“La única certeza que tenemos es que la situación se profundizará y se hará más específica”, afirmó, tras considerar la necesidad de modernizar la producción agrícola.

Durante su participación en el Vigésimo Sexto Encuentro Nacional de Líderes del Sector Agropecuario, una reunión anual que organiza la Junta Agroempresarial Dominicana (JAD), y cuyo tema central versa sobre “Los desafíos para alimentar a 24 millones de consumidores”, el representante de la FAO destacó dos indicadores clave para evaluar la situación alimentaria en el país: la subalimentación y la inseguridad alimentaria.

De acuerdo con los últimos datos, la subalimentación en ha mostrado una mejora. “El desarrollo en términos de subalimentación ha sido espectacular”, dijo Castañeda, y agregó que el país está cerca de erradicar el hambre total en los próximos años.

Sin embargo, la inseguridad alimentaria, que mide la disponibilidad y el acceso económico a los alimentos, sigue siendo un desafío. Este indicador ha disminuido del 24% en 2016 al 19% en 2024, lo que indica un mejor acceso económico para la compra de alimentos. No obstante, Castañeda advirtió que, a pesar de esta mejora, la cifra sigue siendo preocupante.

Uno de los problemas emergentes que Castañeda subrayó es el aumento de la obesidad en la población. Según las estadísticas, el 70% de los dominicanos padecen de obesidad, un problema que, según él, podría generar costos elevados para el sistema de salud en el futuro y aumentar el gasto público.

Este aumento en las tasas de obesidad está asociado con el consumo creciente de alimentos ultraprocesados.

A nivel global, el aumento proyectado de la población, que alcanzará los 10,000 millones para 2050, plantea un desafío para la producción de alimentos. Castañeda destacó que la producción de cultivos deberá incrementarse en un 60% para satisfacer la demanda, lo que requerirá un aumento equivalente en el uso de recursos como agua, insumos, tierras y mano de obra.

En República Dominicana, se espera que las temperaturas aumenten entre uno y tres grados Celsius para 2050, lo que afectará a las zonas más vulnerables, como el noroeste del país, incluyendo Montecristi y Santiago Rodríguez. La adaptación al cambio climático es crucial para mantener la resiliencia de la producción agrícola, según Castañeda

La degradación del suelo es otro desafío importante, con un 27% del territorio dominicano afectado por procesos de degradación. La erosión hídrica es especialmente crítica en las provincias de Corazón de Jesús y Valdesia, donde se pierden 51.4 y 39 toneladas de suelo por hectárea al año, respectivamente. Estos problemas de degradación deben abordarse con urgencia para evitar una pérdida aún mayor de tierras agrícolas productivas.

A pesar de estos desafíos, señaló avances en la reducción de la deforestación. La tasa de pérdida de bosques se redujo de 18,438 hectáreas por año en 2021 a 9,281 hectáreas en 2024, un cambio positivo que se atribuye a programas de conservación y normativa ambiental.

El estrés hídrico también representa un problema. El 80% del recurso hídrico en República Dominicana es utilizado por la agricultura, pero la ineficiencia en el uso del agua es alarmante. Solo el 25% de la superficie cultivada está equipada con riego tecnificado, en comparación con el 64% en Chile. Mejorar la gestión del agua es esencial para aumentar la productividad agrícola y mitigar la salinización del agua y la degradación del suelo.

Otro tema abordado por Castañeda es el riesgo de plagas y enfermedades, exacerbado por el turismo. La FAO recomienda fortalecer el sistema de vigilancia y control sanitario para proteger los cultivos y evitar pérdidas económicas significativas, como las causadas por la mosca mediterránea y la fiebre porcina africana.

La urbanización creciente también plantea un reto para la agricultura. Se proyecta que para 2050, el 80% de la población dominicana vivirá en zonas urbanas, dejando solo un millón de personas en áreas rurales. Esta transición requiere incentivos para atraer a jóvenes a la agricultura y modernizar el sector para hacerlo más atractivo y rentable.

Castañeda también destacó la dependencia del trabajo agrícola extranjero en República Dominicana, con un porcentaje elevado de mano de obra extranjera en cultivos como arroz, habichuelas y plátano. La modernización del sector y la inversión en maquinaria y tecnología son esenciales para mejorar la eficiencia y sostenibilidad de la agricultura.

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