No se trata de no gozar… se trata de no hipotecar tu paz por aparentar una vida que ni siquiera es tuya.
Por : Ángel Puello
En República Dominicana, cuando anuncian un feriado largo, se activa un reflejo casi automático: “¿Pa’ dónde nos vamos?” Playa, resort, campo, cabaña, piscina, romo, música y fotos. Y ojo: divertirse no es un pecado. Desconectarse, respirar, reírse y compartir también es salud mental. El problema no es el gozo. El problema es el gozo sin realidad.
Porque los “puentes” dominicanos no solo mueven carros en la autopista: mueven presiones sociales. Las redes se encargan del resto. Un story aquí, un post allá, una sonrisa perfecta, una copa levantada, un atardecer. Y muchas veces esa foto ni siquiera es de ese día: es un recuerdo viejo revendido como “vida actual”. Pero igual provoca. Igual empuja. Igual instala la idea silenciosa: “Si yo no hago eso, estoy perdiendo.”
Y ahí arranca la trampa psicológica: el miedo a quedarse fuera. No es que tú quieras ir. Es que no quieres sentirte menos. No quieres ser “el que no pudo”. Entonces aparece el gasto que no estaba en el plan. Aparece el tarjetazo. Aparece el préstamo rápido. Aparece “coge del alquiler ahora y después resolvemos”. Y se resuelve… hasta que llega el lunes.
El lunes trae la resaca emocional: “Diablo, ¿y ahora?” Y lo peor: esa angustia no se queda en la mente, se mete en la casa. Se mete en la relación. Se mete en la economía familiar. Se mete en la autoestima. Porque cuando tú gastas por presión, tú no compras diversión: tú compras ansiedad adelantada. Y cuando vuelves, quieres que alguien te arregle las consecuencias: un familiar, un amigo, un “préstame ahí”, un “resuélveme”. Mientras otros —los que también gozan— lo hacen distinto: planifican, ahorran, ponen límites, y saben cuándo sí y cuándo no.
Aquí está la idea central: tu feriado debe parecerse a tu vida, no a la vida editada de otros. Cada persona tiene una realidad. Y la madurez no es dejar de disfrutar; la madurez es disfrutar sin destruirte.
Entonces, ¿cómo se ve un feriado productivo sin volverse una condena?
Primero: elige el objetivo del feriado antes de elegir el destino. Hay feriados para descansar, feriados para compartir, feriados para avanzar, feriados para ordenar. No todos los feriados tienen que ser caros. A veces el mejor “viaje” es salir de la desorganización.
Segundo: usa al menos medio día para “poner tu año en orden”. Papel y lápiz: deudas, metas, pagos, prioridades, gastos invisibles. Un feriado puede ser el momento perfecto para revisar tu presupuesto, reorganizar tus finanzas, y hacer un plan realista. Eso no se ve en Instagram, pero se siente en la paz.
Tercero: termina algo que te suba. Un libro corto, un artículo poderoso, un curso gratuito, una habilidad que te ayude a ganar más o gastar mejor. Tres días pueden parecer poco… hasta que los conviertes en impulso.
Cuarto: repara tu entorno. Hay casas que gritan “me tienes abandonado”: cosas dañadas, pendientes, desorden, espacios que generan estrés. Arreglar, limpiar, organizar, también es terapia. Y te deja una sensación de control que vale más que un fin de semana caro.
Quinto: reuniones productivas, no solo reuniones sociales. Hablar con tu pareja de metas, con tus hijos de hábitos, con un amigo de un negocio, con un familiar de cómo mejorar. No todo encuentro tiene que terminar en gasto; algunos deben terminar en dirección.
Al final, el puente es una metáfora: o te conecta con una versión mejor de ti, o te tira más hondo en el mismo hoyo. La clave no es “no vayas”. La clave es: si vas, ve con plan; si no vas, que sea por estrategia, no por vergüenza.
Porque hay una verdad simple que duele, pero libera: no todo el mundo está en el mismo momento económico, y fingirlo sale carísimo. Y el dominicano que entienda eso, no solo disfrutará más: también progresará más.
El próximo feriado largo, pregúntate algo serio antes de preguntar “¿pa’ dónde?”:
¿Este puente me acerca a mi paz… o me cobra con intereses la próxima semana?
