Cada persiana que baja es una historia de esfuerzo que se apaga y una oportunidad que la nación deja escapar

Por : Angel Puello 

Abrir un negocio nunca ha sido un acto simple. Detrás de cada pequeño colmado, cafetería, taller, salón de belleza, tienda, empresa tecnológica o emprendimiento familiar, hay una historia de valentía que pocas veces se cuenta completa.

Quien decide emprender no solo abre una puerta comercial: abre una batalla diaria contra la incertidumbre.

El emprendedor dominicano suele comenzar con una mezcla de ilusión y sacrificio. Muchas veces vende un vehículo, empeña una propiedad, pide un préstamo en el banco o solicita ayuda a familiares y amigos. Otros hipotecan su futuro para comprar equipos, alquilar un local, pagar permisos, contratar empleados y levantar, con paciencia, el sueño de un negocio propio.

Luego empieza la verdadera prueba.

Aparecen los impuestos, las obligaciones administrativas, los pagos mensuales que no perdonan. Llegan los desafíos del mercado, la competencia feroz, los cambios en la economía, los aumentos de costos, los apagones eléctricos que paralizan operaciones, los servicios deficientes que afectan la productividad y las crisis inesperadas que ponen a prueba la resistencia del negocio.

El emprendedor vive permanentemente entre números, compromisos y decisiones difíciles.

Muchos trabajan más de doce horas al día. Son gerentes, contadores, vendedores, supervisores y hasta personal de limpieza cuando hace falta. Todo para mantener vivo ese proyecto que representa no solo una inversión, sino una esperanza.

Por eso, cuando un emprendedor decide cerrar su negocio, el impacto va mucho más allá de una puerta que se cierra.

Cuando un negocio desaparece, empleados pierden su fuente de ingreso. Familias enteras quedan sin sustento. Jóvenes que dependían de ese salario para estudiar ven sus sueños en pausa. La tasa de desempleo aumenta silenciosamente, sin titulares, sin estadísticas inmediatas que reflejen el golpe humano que eso significa. 

Pero el daño no se detiene ahí.

El emprendedor que cierra enfrenta muchas veces una tormenta emocional devastadora. Las deudas pendientes, los compromisos laborales que debe honrar, los préstamos que siguen llegando cada mes, la presión familiar, la angustia de no saber cómo volver a empezar.

En muchos casos, esa carga provoca depresión, crisis familiares e incluso rupturas en el hogar.

Detrás de cada negocio que desaparece hay una historia personal de lucha que merece respeto.

Y cuando eso ocurre de manera repetida, el país también pierde.

Pierde innovación.

Pierde dinamismo económico.

Pierde empleos.

Pierde sueños.

La República Dominicana es, por naturaleza, un país de emprendedores. Gran parte de nuestra economía se sostiene gracias a hombres y mujeres que cada día se levantan a construir oportunidades donde antes no existían. Por esa razón la fundación Todo es Posible ,  que presidimos, orienta a emprendedores para que estos reciban asesoría sobre posibles soluciones a las dificultades que van apareciendo. Y es que proteger al emprendedor debe ser una prioridad nacional.

Muchos países que hoy lideran el desarrollo económico han entendido esta realidad. Han creado sistemas de financiamiento más flexibles, procesos burocráticos más simples, incentivos fiscales para nuevas empresas, incubadoras de negocios, programas de acompañamiento empresarial y leyes que facilitan volver a empezar después de un fracaso.

El emprendedor no necesita privilegios. Necesita condiciones justas para competir y crecer.

Simplificar trámites, facilitar acceso a créditos productivos, ofrecer programas de capacitación empresarial, mejorar los servicios públicos que impactan la productividad y promover una cultura que valore el riesgo emprendedor son pasos fundamentales para fortalecer este sector.

Cada negocio que nace es una señal de esperanza para el país.

Pero cada negocio que cierra es una advertencia que no debemos ignorar.

Si queremos una economía fuerte, debemos cuidar a quienes la levantan todos los días con su esfuerzo.

Porque cuando un emprendedor cierra su negocio, no solo pierde una persona.

También pierde la nación.

angelpuello@gmail.com

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