Ángel Puello reflexiona sobre una poderosa enseñanza de Viktor Frankl: la verdadera felicidad no consiste en acumular placeres, sino en descubrir razones para vivir, amar, servir y dejar huellas positivas en los demás.
Por Angel Puello
Hoy domingo, mientras disfrutaba de mis acostumbradas lecturas de la prensa internacional, encontré en el diario español El Confidencial una publicación que llamó poderosamente mi atención y que considero oportuno compartir con mis lectores.
El artículo, publicado este sábado, aborda una profunda reflexión del reconocido psiquiatra y filósofo austríaco Viktor Frankl: cuando una persona no encuentra sentido a su vida, intenta distraerse mediante el placer.
¡Cuánta verdad encierra esta reflexión! Y cuánto tenemos que aprender de ella en una sociedad donde, muchas veces, confundimos estar entretenidos con ser felices, tener dinero con sentirnos realizados y acumular experiencias con encontrar verdaderas razones para vivir.
Frankl no fue un pensador cualquiera. Sobrevivió a los campos de concentración nazis y convirtió una de las experiencias más dolorosas que puede enfrentar un ser humano en una extraordinaria enseñanza sobre la esperanza, la dignidad y la capacidad de encontrar significado incluso en circunstancias extremas.
Su célebre obra El hombre en busca de sentido constituye una de las mayores contribution es al estudio de la existencia humana donde podemos estar o no de acuerdo con algunas partes del mismo.
Pero quiero agregar algo desde mi propia interpretación: el problema de nuestra sociedad no es que las personas busquen placer. ¡Disfrutar la vida es maravilloso! El problema aparece cuando pretendemos utilizar los placeres para sustituir aquello que verdaderamente nos hace sentir útiles, amados y realizados.
Podemos tener miles de seguidores en las redes sociales y sentirnos profundamente solos. Podemos asistir a las mejores fiestas y regresar a casa con una sensación de vacío. Podemos comprar el vehículo más costoso y descubrir que ninguna comodidad material consigue tranquilizar una conciencia insatisfecha.
Porque una cosa es disfrutar de lo que tenemos y otra muy distinta es encontrarle sentido a lo que somos.
La ciencia también tiene algo importante que decirnos
Lo interesante es que las reflexiones de Frankl encuentran respaldo en investigaciones científicas contemporáneas.
Un amplio metaanálisis internacional que reunió información de más de 500,000 participantes encontró una asociación consistente entre tener un propósito en la vida y presentar menos síntomas depresivos.
Otra investigación, que analizó datos de aproximadamente 489,000 personas, encontró que quienes manifestaban un mayor sentido de propósito también presentaban un menor riesgo de mortalidad prematura.
Naturalmente, estas asociaciones no significan que tener propósitos garantice una vida larga o libre de enfermedades. Sin embargo, constituyen evidencias importantes de que encontrar significado en nuestra existencia puede contribuir a nuestro bienestar.
¡Imagínense la trascendencia de esta enseñanza!
No estamos hablando simplemente de pensamientos bonitos para compartir los domingos. Estamos hablando de una dimensión de la existencia humana que merece nuestra atención.
La felicidad también se construye haciendo felices a otros
Personalmente, considero que una de las maneras más extraordinarias de encontrar sentido a nuestra existencia consiste en descubrir cuánto podemos aportar a los demás.
Una madre que lucha por educar a sus hijos encuentra razones para levantarse cada mañana.
Un maestro que transforma la vida de sus estudiantes descubre que su trabajo trasciende cualquier salario.
Un emprendedor que genera empleos puede encontrar satisfacción no solamente en sus ganancias, sino también en las oportunidades que crea.
Y una persona que ayuda a otra sin esperar recompensas experimenta una satisfacción que difícilmente puede comprarse con dinero.
Pienso también en Nelson Mandela, quien, después de 27 años de prisión, convirtió su experiencia en una oportunidad para promover la reconciliación de su país.
Su ejemplo demuestra que las circunstancias más difíciles no necesariamente tienen que determinar el significado de nuestra existencia.
Mi reflexión final de este domingo
Creo firmemente que todos deberíamos hacernos tres preguntas fundamentales:
¿Qué estoy haciendo con mi vida? ¿A quién estoy ayudando? ¿Qué huella positiva dejaré cuando ya no esté?
No necesitamos ser millonarios, famosos ni extraordinariamente poderosos para tener una existencia extraordinaria.
A veces, el verdadero sentido de la vida está en escuchar a alguien que necesita desahogarse, alimentar a quien tiene hambre, enseñar a quien desea aprender, perdonar una ofensa o devolverle la esperanza a una persona que está a punto de rendirse.
También está en cultivar nuestra espiritualidad, fortalecer la familia, desarrollar nuestros talentos y comprender que cada nuevo amanecer representa una oportunidad para comenzar nuevamente.
Por eso, después de leer aquella publicación de El Confidencial, llego a una conclusión que deseo compartir con ustedes:
No permitamos que la búsqueda permanente de entretenimiento nos robe el tiempo que necesitamos para descubrir nuestra verdadera misión.
Disfrutemos, viajemos, celebremos, riamos y aprovechemos las cosas hermosas que nos ofrece la vida. Pero nunca olvidemos que los placeres pueden alegrarnos un momento, mientras que un propósito puede darle dirección a toda nuestra existencia.
Y si me preguntaran cuál considero que es una de las mayores riquezas del ser humano, respondería sin vacilar:
Acostarse cada noche con la satisfacción de haber vivido un día que valió la pena, no solamente por lo que recibimos, sino, especialmente, por lo que fuimos capaces de dar.
Porque al final, una vida verdaderamente rica no es necesariamente aquella que acumula más placeres, sino aquella que encuentra más razones para amar, servir, agradecer y seguir adelante.
