Por Angel Puello
Durante meses he insistido en algo que considero fundamental: estamos cometiendo un error cuando reducimos la inteligencia artificial a una máquina que sirve para hacer preguntas y recibir respuestas.
Eso fue apenas el comienzo.
Lo verdaderamente revolucionario comienza cuando la inteligencia artificial deja de limitarse a decirnos cómo hacer algo y empieza a ayudarnos directamente a hacerlo.
Meta acaba de presentar nuevos modelos llamados Muse Wonder y Muse Wonder Full, orientados precisamente hacia esa nueva generación de inteligencia artificial capaz de enfrentar trabajos más complejos, mantener el objetivo durante procesos prolongados, recordar información relevante y buscar otras alternativas cuando una tarea encuentra obstáculos.
¿Y qué significa eso para quienes trabajamos en televisión, producción audiovisual, publicidad, periodismo y comunicación?
Muchísimo.

Después de más de cuarenta años trabajando alrededor de cámaras, estudios, productores, periodistas, artistas y figuras públicas, puedo imaginar perfectamente cómo estas herramientas pueden transformar nuestro trabajo.
Pensemos en un productor dominicano preparando un programa especial de televisión.
Hoy puede utilizar inteligencia artificial para organizar veinte años de archivos, localizar determinados momentos de antiguas entrevistas, comparar tendencias, desarrollar propuestas de segmentos, preparar preguntas, analizar comentarios de la audiencia y diseñar diferentes caminos narrativos.
Pero vamos más lejos.
Imaginemos que quiero producir un documental sobre la historia de la televisión dominicana. Antes necesitaría semanas solamente para organizar información inicial. Una inteligencia artificial con capacidad de trabajar como agente podría ayudarme a ordenar cronologías, clasificar documentos, identificar temas que necesitan investigación adicional, estructurar entrevistas y mantener organizado todo el proyecto.
El productor continúa tomando las decisiones.
Pero ahora tiene un súper asistente trabajando a su lado.
Esa diferencia es gigantesca.

Otro ejemplo: un pequeño empresario dominicano quiere lanzar un producto y no tiene un gran departamento de mercadeo. Una inteligencia artificial agéntica podría ayudarlo a organizar su estrategia, preparar diferentes propuestas publicitarias, analizar información de clientes, estructurar tareas y darle seguimiento a un proyecto que antes habría requerido varias personas.
Meta ya había dado un paso importante con Muse, presentado como un agente personal capaz no solamente de conversar, sino también de encargarse de tareas y proyectos utilizando una computadora virtual propia y trabajando con aplicaciones autorizadas por el usuario.
Ahora Muse Wonder apunta hacia capacidades todavía mayores.
Pero aquí viene mi advertencia.
No podemos convertirnos en espectadores de esta revolución.
Tenemos que prepararnos.

El productor que aprenda inteligencia artificial podrá producir más. El periodista podrá investigar con mayor velocidad. El publicista podrá experimentar con más conceptos. El pequeño empresario tendrá herramientas que anteriormente solamente podían costear las grandes compañías.
Esto no significa entregar nuestras decisiones a una máquina.
Significa exactamente lo contrario: utilizar la máquina para ampliar nuestras posibilidades humanas.
La creatividad, la sensibilidad, el criterio, la experiencia, la ética y la capacidad para comprender emocionalmente a otras personas siguen siendo extraordinariamente importantes.
Yo no quiero una inteligencia artificial que sustituya a Ángel Puello.
Quiero una inteligencia artificial que permita que Ángel Puello pueda investigar más, producir más, aprender más, comparar más posibilidades y convertir una idea en realidad con mayor rapidez.
Esa es la visión que debemos comenzar a enseñar.
Porque posiblemente la gran división profesional de los próximos años no será entre quienes tengan inteligencia artificial y quienes no.
Será entre quienes aprendieron a convertirla en una extensión de sus capacidades y quienes decidieron ignorarla mientras el mundo seguía avanzando.
La inteligencia artificial ya no viene solamente a conversar con nosotros.
Está comenzando a sentarse en nuestra mesa de trabajo.
Y mi consejo sigue siendo el mismo: en lugar de tenerle miedo, aprendamos a dirigirla.
