Por: Aquino Rubio

La difícil situación que afrontamos con Haití es marcadamente peligrosa para la soberanía nacional y tanto las autoridades como la población, lo están tomando a juego sin medir las consecuencias, mientras ellos se prepararan paso a paso, para dar el golpe mortal.

Estamos jugando con candela, mientras la dominicanidad peligra jugamos a la deportación sin sacar a nadie del país y el sacrificio de muchos soldados muere cuando las armas y municiones llegan “milagrosamente a sus manos”, para masacrarse ellos entre sí y luego tomar en sus manos nuestras cabezas, como ya lo hicieron antes en episodios de triste remembranza.

El país está lleno de ellos, se burlan de los dominicanos enrostrando lo que hacen y tienen a costa nuestra, ante la mirada indiferente de las autoridades, legisladores sin valor ni formación para jugar su rol como primer poder del Estado, una Justicia que no ve ni camina. Fuerzas militares y policiales de élite, consumidos por la burocracia, salen cien y entran mil sin que nadie lo explique y cada día el espacio es más estrecho.

Nosotros solidarios, ellos al acecho para arrebatarlo todo, funcionarios en las alturas y la inmigración ilegal destruyendo lo construido con sacrificio, sangre y entrega, para legarle a las generaciones futuras una nación libre, independiente y soberana, como suscribieron los forjadores de la nacionalidad.

Los partidos de derecha, izquierda, centro y extrema derecha, centrados en sus apetencias ideológicas y partidarias, mientras la nación es desangrada en sus fuentes hidrográficas, su exuberante naturaleza y otros recursos naturales, sin que las autoridades hagan nada ni expliquen las causas reales de lo que ocurre y nos conduce a un inevitable abismo.

Los haitianos no están jugando, lo están demostrando en nuestro propio territorio con la exhibición de poder que presentan, porque están en las escuelas, universidades, negocios, hogares, colmados y servicios de comida.

Matan y violan a nuestra gente y todo sigue igual, los defensores salen de urgencia en su defensa y nosotros seguimos callados, salvo algunos gritos aislados que lo advierten y grupos que llaman a comprenderlo, seguimos como si estuviera resuelto y fuéremos invencibles.

Si continuamos dormidos en los laureles, esperando que los gobiernos resuelvan, mientras las fincas siguen llenas, nos llevaremos el chasco cuando sea demasiado tarde. Abramos los ojos ahora.

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