Lo que comenzó como la búsqueda de un futuro mejor a través de una supuesta oferta laboral en el extranjero terminó convirtiéndose en una pesadilla digna de una película de suspenso.

Una reveladora investigación de El Informe con Alicia Ortega expone cómo ciudadanos dominicanos fueron engañados para viajar al exterior, siendo desviados finalmente hasta Rusia para ser entrenados e incorporados de manera involuntaria al conflicto bélico en Ucrania.

Una promesa falsa: El engaño de la escala en Panamá

La historia de estas familias está marcada por la incertidumbre y la manipulación de redes de reclutamiento. Los jóvenes partieron del país creyendo que viajarían por motivos laborales legítimos.

Sobre cómo inició el viaje de su hijo, Jacqueline Félix relató en el programa:

«Él me dijo: «Mamá, me voy para un viaje». Yo le dije: «Viaje, ¿para dónde?». Me dijo: «Voy para Panamá a trabajar». Yo le dije: «Pero Panamá yo creo que está igual que aquí». Y me dijo: «No, no, no, yo me voy a trabajar allá». Bueno, él se va. Incluso yo lo llevo hasta el aeropuerto, le compro algo de ropa nueva…»

Sin embargo, Panamá no era el destino final, sino una simple parada en una ruta internacional mucho más compleja. Un itinerario documentado por la investigación reveló que el trayecto real abarcaba vuelos desde Santo Domingo con escalas en Panamá y Estambul (Turquía), hasta aterrizar finalmente en Kazán, Rusia, en un recorrido que superaba las 33 horas continuas.

» El falso empleo como fachada»

Una vez instalados en suelo ruso, los familiares continuaron recibiendo llamadas donde se les intentaba calificar la situación como un empleo común. Michael Enrique Campuzano, de 33 años, intentó disipar los temores de su madre al principio:

«Después me dice que lo llevaron al médico, que le hicieron los análisis, que todo salió bien… Al otro día me dice que lo llevaron para el banco para sacarle la libreta con lo que le van a pagar. Digo: «¿Cuándo te van a pagar?». Me dice: «Todavía no sé cuánto me van a pagar»».

De la ilusión al frente de guerra

Con el pasar de los días, la frecuencia de las comunicaciones disminuyó drásticamente y el tono de los mensajes cambió por completo. La angustia se apoderó de los hogares dominicanos al descubrir que sus seres queridos habían sido despojados de sus pasaportes, obligados a firmar documentos incomprensibles y sometidos a rigurosos entrenamientos militares bajo condiciones infrahumanas.

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La desesperación de los familiares se refleja en el testimonio de Cristina Campuzano, quien teme por la vida de su hermano Jesús, de 52 años, y de otros dominicanos cuyas fotografías los muestran vestidos con indumentaria militar:

«A matar lo que va y ni siquiera nosotros tenemos un sitio donde irlo a llorar a él».

La propia Cristina relató cómo su hermano le confesó la cruda realidad desde el campamento militar:

«De ahí entonces me doy cuenta, entonces me dice que él lo van a mandar para la guerra, que lo están entrenando fuertemente, que le está pasando hambre, que él se siente mal, que le duelen mucho los pulmones y que tiene los pies muy hinchados».

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