De joven emprendedor a referente comunitario en Nueva York, su historia demuestra que alcanzar el éxito tiene mayor significado cuando se utiliza para abrir caminos y transformar vidas.

Por Ángel Puello

Siguiendo con los artículos que realizo semanalmente como reconocimiento a figuras de diferentes áreas que, por muchas razones, cuentan con mi respeto y admiración por su accionar a través del tiempo, quiero iniciar una serie dedicada a dominicanos en el exterior cuyas trayectorias constituyen motivos de orgullo para nuestro país.

Y considero justo comenzar con Fernando Mateo.

Su historia tiene mucho de ese sueño del inmigrante que comienza prácticamente desde abajo. Nacido en República Dominicana y criado en Nueva York, Mateo se abrió camino siendo muy joven. A los 17 años inició su propio negocio de alfombras y llegó a desarrollar una empresa con ventas millonarias.

Pero lo que particularmente me llama la atención de Fernando no es solamente su éxito empresarial. Es su capacidad para convertir parte de ese éxito en acción comunitaria.

En 1989 creó el Mateo Institute of Training, dedicado a enseñar oficios a infractores no violentos en Rikers Island, ofreciéndoles herramientas para encontrar una oportunidad diferente al regresar a la sociedad. Ese trabajo le mereció en 1991 el reconocimiento Points of Light, otorgado durante la presidencia de George H. W. Bush. 

Luego llegaría una iniciativa que recuerdo de manera muy especial: Juguetes por Armas (Toys for Guns).

En 1993, Fernando impulsó en Nueva York aquel novedoso programa mediante el cual ciudadanos entregaban voluntariamente armas a cambio de certificados para adquirir juguetes. La iniciativa alcanzó una repercusión extraordinaria y posteriormente tuvo experiencias fuera de Estados Unidos, incluyendo República Dominicana.

Me tocó compartir con Fernando cuando teníamos la producción de Isha y sus programas infantiles. Cuando llegó al país con aquella campaña, nos integramos con entusiasmo. Recuerdo visitar barrios junto a Fernando, Isha y nuestro equipo de trabajo. Íbamos muchas veces sin seguridad, incluso a sectores sobre los cuales algunos nos advertían que era peligroso entrar.

La respuesta que encontrábamos era otra: comunidades enteras capaces de comprender el mensaje e integrarse.

Aquella experiencia dejó una huella en mí.

Años después, desde el programa y la Fundación Todo es Posible, desarrollamos Armas por Biblias, iniciativa inspirada en buena medida en aquel ejemplo de Fernando. Personas entregaban armas y recibían una Biblia. Era también una continuación del espíritu de nuestra campaña Un millón de Biblias para un millón de dominicanos, dirigida a fortalecer la fe y los valores cristianos.

Por eso puedo hablar de Fernando Mateo no solamente desde las referencias públicas, sino desde una experiencia que marcó posteriormente parte de nuestro propio trabajo social.

Su trayectoria continuó creciendo. Ha defendido durante décadas a taxistas, bodegueros, pequeños empresarios e inmigrantes en Nueva York. Llegó a presidir la Federación de Conductores de Taxis del Estado de Nueva York y ha mantenido una activa presencia como dirigente y portavoz comunitario. 

Y recientemente recibió uno de esos reconocimientos que trascienden a la persona: las Llaves de la Ciudad de Nueva York, entregadas en enero de 2026 como reconocimiento a décadas de servicio y liderazgo comunitario. 

Hace años que no hablo con Fernando Mateo, pero lo recuerdo con mucho aprecio.

Porque existen personas que uno recuerda por lo que alcanzaron y otras que permanecen en nuestra memoria por lo que hicieron con aquello que alcanzaron.

Fernando pertenece a las segundas.

Su vida empresarial demuestra superación; su trabajo comunitario demuestra sensibilidad; y su capacidad de mantenerse vinculado a las necesidades de la gente demuestra algo todavía más importante: que progresar nunca debe significar olvidarse del lugar de donde venimos.

Esa es quizás la mayor enseñanza de su historia.

El verdadero éxito no consiste solamente en subir. Consiste en subir sin perder la capacidad de mirar hacia abajo, extender una mano y ayudar a que otros también puedan hacerlo.

Por eso Fernando Mateo es, con justicia,uno de esos dominicanos en el exterior que nos llenan de orgullo  .

angelpuello@gmail.com 

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