Por: Tomás Hernández Alberto
En la política hay dirigentes que se destacan por sus discursos y su presencia pública, mientras otros construyen desde la organización, las bases y el trabajo cotidiano. Deligne Ascención Burgos pertenece a esa segunda categoría: la de quienes entienden que un partido político fuerte no se construye solamente en las tarimas, sino también en las estructuras territoriales, en la coordinación con sus dirigentes y en el contacto permanente con su militancia.
Desde los primeros pasos del Partido Revolucionario Moderno (PRM), en 2014, Deligne Ascención asumió la Secretaría Nacional de Organización, una responsabilidad estratégica para una organización que nacía con el desafío de competir contra partidos con décadas de experiencia y estructuras consolidadas.
Su experiencia organizativa y su trayectoria política fueron puestas al servicio de la construcción de un partido moderno, organizado y con capacidad de crecimiento en todo el territorio nacional.
Uno de los aspectos más importantes de su gestión fue el fortalecimiento y la modernización de los procesos internos y del padrón partidario. Lo que anteriormente podía manejarse de manera artesanal fue evolucionando hacia mecanismos más organizados y apoyados en herramientas tecnológicas, fortaleciendo la capacidad del PRM para administrar sus estructuras, organizar sus procesos internos y trabajar con mayor precisión sobre su militancia.
Pero el verdadero valor de una Secretaría de Organización se demuestra cuando llega el momento de convertir la estructura partidaria en capacidad electoral. En ese sentido, Deligne Ascención tuvo una participación relevante en los procesos políticos y electorales que llevaron al PRM a convertirse en una fuerza política determinante y que posteriormente condujeron a Presidente Luis Abinader a la Presidencia de la República en 2020 y a su reelección en 2024.
Detrás de esas victorias hubo dirigentes en las calles, equipos territoriales, coordinación política, planificación y una estructura partidaria que tuvo que funcionar de manera sincronizada. Ese trabajo muchas veces no ocupa las primeras páginas de los periódicos, pero constituye una parte fundamental de cualquier triunfo electoral.
También merece destacarse su participación en los procesos internos del PRM y en la organización de sus procesos de elección interna. La construcción de una organización política moderna requiere reglas, procedimientos, planificación y capacidad para administrar las diferencias internas.
Precisamente ahí la experiencia organizativa adquiere un valor especial.
El pasado 9 de agosto de 2026, el PRM volvió a reconocer esa trayectoria al elegir a Deligne Ascención como primer vicepresidente nacional, dentro de una plancha unitaria encabezada por el Presidente Luis Abinader.
Además, asumió la presidencia ejecutiva del partido, una responsabilidad que confirma la confianza depositada en su experiencia, liderazgo y capacidad organizativa.
Después de 12 años al frente de la Secretaría Nacional de Organización, se cierra una etapa trascendental, pero comienza otra de mayor responsabilidad. La renovación dentro de la estructura partidaria, mientras Ascención pasa a desempeñar funciones de mayor alcance en la dirección nacional del PRM.
Desde mi perspectiva, los 12 años de Deligne Ascención vinculados a la organización del PRM deben ser valorados como una etapa fundamental en la construcción, crecimiento y consolidación del partido.
Se puede debatir sobre estilos, decisiones y resultados, como corresponde en toda organización democrática, pero no se puede desconocer el trabajo realizado durante años para fortalecer las estructuras partidarias, organizar la militancia y preparar al PRM para competir electoralmente y asumir responsabilidades de gobierno.
La política también debe reconocer a quienes trabajan cuando las cámaras están apagadas. Y en ese terreno, Deligne Ascención ha dejado una huella importante en el PRM.
Su ascenso a la primera vicepresidencia nacional y a la presidencia ejecutiva no debe verse simplemente como un cambio de posición, sino como la continuidad de una trayectoria construida desde la organización, la disciplina partidaria, la planificación y el trabajo cercano con las bases.
