Por: Dayvi López Vargas

Cuando hablamos de “matar”, no nos referimos a una muerte física, sino a la muerte moral provocada por la intriga, la mala fe, la presión y la tiranía política e institucional contra quien ocupa uno de los puestos más codiciados del aparato de seguridad del Estado. Muchos comunicadores parecen apostar a que llegue un determinado jefe policial y, en algunos casos, esa campaña se desarrolla mediante intrigas, intereses particulares y, según las circunstancias, prácticas de corrupción o soborno para desacreditar a quien no se somete.

El jefe de la Policía es una persona seria, de trato humano y con una trayectoria que merece respeto. En su rostro, durante el traspaso de mando, fue notoria la expresión de quien sabe que está pagando un precio por mantener determinados principios. Su frase de que por los principios es preferible perder el puesto constituye un mensaje importante: todavía existen hombres dispuestos a pagar un precio por aquello en lo que creen.

La cúpula de la Policía   y algunos sectores de la alta política,  parece haber convertido la traición y el desplazamiento de quienes no se acomodan en una práctica política. Este ex jefe de la Policía desde que dejó  varios generales del norte arrestados por estar ligado a la mafia, pagó el precio. Por eso, hacemos una invitación pública: cuando usted esté de civil, si así lo desea, venga a formar parte de este movimiento de reivindicación nacional.

Aquí encontrará personas que creen que la República Dominicana necesita recuperar la ética, los principios y la dignidad institucional. También le extendemos una invitación a conversar y conceder una entrevista, si usted considera oportuno hacerlo.

Tampoco compartimos la versión de que su salida se produjo simplemente por acudir a una protesta. Participar personalmente en una situación de tensión no necesariamente constituye un riesgo, y si lo hubo fue por falta en el Jefe de Inteligencia y fue su  responsabilidad.

En nuestra historia existen antecedentes de jefes y comandantes que estuvieron personalmente donde se desarrollaban los acontecimientos. Recordemos al general Enrique Pérez y Pérez y a otros mandos policiales y militares presentes en situaciones de conflicto como la Operación Limpieza.
Recordemos también a José Aníbal Sanz Jiminián, quien, siendo jefe de la Policía Nacional, estuvo personalmente en la Liga Municipal Dominicana durante aquel célebre episodio de 1999 que terminó con la famosa expresión de Ramón Alburquerque: “¡Entren to, coño!”.

Y durante la Guerra de Abril de 1965 encontramos el ejemplo del teniente coronel Rafael Fernández Domínguez, quien murió durante el intento de tomar el Palacio Nacional. El propio coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó estuvo personalmente al frente de los combates, al igual que otros comandantes.
También el mayor general Candelier, entonces jefe de la Policía, junto con el general Rafael Bencosme Candelier, se trasladó en busca del responsable del asesinato del general Beauchamp Javier.

Recientemente, hemos visto al mayor general Eduardo Alberto Then acudir personalmente a operaciones y lugares donde se desarrollaban situaciones de riesgo. ¿Por qué mencionamos estos ejemplos?

Porque existe una contradicción que debemos señalar: quieren denigrarlo delante de sus subalternos y familiares, presentándolo como un loco o como alguien que no sabía lo que hacía.

Durante años se ha criticado que los generales y jefes permanezcan encerrados en oficinas, lejos de sus hombres y de las situaciones difíciles.
Pero cuando un jefe decide salir al terreno, asumir personalmente una responsabilidad o acudir a una situación controversial, también aparecen quienes utilizan esa decisión para cuestionarlo.

Entonces, ¿qué queremos realmente de nuestros jefes? ¿Que permanezcan en sus oficinas o que estén junto a sus hombres? El principio fundamental del mando es precisamente dar el ejemplo.
Por eso consideramos que la presencia de un jefe en el terreno no puede convertirse automáticamente en una excusa para destituirlo. Si existieron otras razones para su salida, fueron otras.

Los buenos hombres también pueden ser maltratados cuando quienes tienen el poder toman decisiones por intereses que nada tienen que ver con el bienestar de la institución. La República Dominicana necesita hombres y mujeres dispuestos a defender los principios, la institucionalidad y la dignidad nacional.

Sobre el autor

Especialista en Inteligencia y Defensa. Comando de Operaciones de Paz. Piloto Aviador. Graduado en Conducción y Gestión de Operaciones Militares. Historiador, docente universitario, escritor y politólogo. Influencer y fundador de la plataforma ZonaMilitar. Comprometido con el análisis de la seguridad, la defensa y los asuntos militares. Por encima de todo un patriota aspirante a diputado de la nación.

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