Por. santos Aquino Rubio
Dos temas llaman seriamente la atención de la gente a las cuales les duele el país y, sobre todo, quienes se sienten dominicanos y luchan por mantener la soberanía y defender los intereses nacionales.
Estas dos preocupaciones que cobran cuerpo con el paso del tiempo y todo se queda en acciones que no llenan el cometido son:1.-La entrada y salida de indocumentados por la frontera sin control, porque dicen que sacan miles, pero el negocio supera la cantidad en la entrada.
Sobre este particular, el Gobierno hace grandes inversiones para mantener segura la frontera y se ordena la repatriación de los indocumentados, pero si el negocio está precisamente en manos de quienes deben cumplir el mandato de Ley, las reglas son letras muertas.
Reiteramos y esperamos que el director no nos llame a su despacho, que los agentes de migración que están envueltos o en combinación con los corruptos que se benefician del negocio, deben ser perseguidos y sancionados, porque el país sigue lleno de ellos sin justificación.
La inversión del Estado y el sacrificio de los contribuyentes se convierten en soporte del terror que viven muchos dominicanos cada día con crímenes horrendos, depredación de la naturaleza, arrabalización del entorno y destrucción maldosa y pensada de grandes valores de la dominicanidad.
2.- El segundo problema consiste en la facilidad con que los vecinos son dotados de la cédula personal de identidad, talvez con documentación falsa o usurpando identidades, en un documento cuya seguridad es defendida por las autoridades por la gran tecnología aplicada y los detalles que cubre.
Es inexplicable que, primero que los dominicanos, muchos haitianos se burlan exhibiendo el documento obtenido con cierta prioridad, lo que indica que algo no anda bien por ahí y debe ser investigado. Las oficialías del Estado Civil y las oficinas regionales de la JCE con las autoridades pertinentes, deberían aportar ese servicio a la patria, porque luego sería muy tarde y los traidores podrían salirse con las suyas.
La descomposición social que nos arropa con farsantes en todos los espacios, incluido el aberrante uso de los medios de comunicación, con naturales excepciones, la angurria por el dinero y la desmoralización del ser humano en grado penoso, coloca a esos agentes del mal en privilegios que conducen irremediablemente hacia un destino incierto. Paremos esto.