Desde hace varios años, los arrecifes enfrentan importantes desafíos que van desde el blanqueamiento masivo, enfermedades y daños causados por actividades humanas, que han alterado estos ecosistemas.
Para la Fundación Dominicana de Estudios Marinos (Fundemar), estos eventos han motivado la adopción de nuevos métodos que junto a las acciones ya desarrolladas impulsen la conservación de estos ecosistemas.
«La estrategia que, según Fundemar y otros socios del Caribe, hay que seguir es asegurar que cualquier acción que se realice tenga el mayor retorno posible hacia el ecosistema«, detalla Rita Sellares, directora de Fundemar.
«Ya tenemos que dejar de medir: ´he colocado tantos corales´, para pasar a medir: ´hice esta acción y tuvo esta consecuencia de mejora en la cobertura, funcionalidad o cantidad de peces alrededor del arrecife´», explicó Sellares.

De estos cambios en los enfoques de conservación han surgido varias apuestas; una de ellas incluye una iniciativa para la criopreservación de gametos de corales, que busca almacenar material genético para garantizar futuras generaciones de arrecifes
La iniciativa fue la que recientemente le valió a Fundemar el reconocimiento en la edición número 34 de los Premios Brugal Cree en su Gente, desarrollados por la Fundación Brugal.
Estado de los arrecifes
Rita Sellares explica que el proyecto surge de una realidad que enfrentan los arrecifes: están llegando a un punto en el que muchas colonias ya no logran reproducirse por sí solas.
La advertencia se sostiene sobre años de información acumulada. Fundemar monitorea desde 2011 el estado de los arrecifes del Santuario Marino Arrecifes del Sureste y ha construido una importante base de datos sobre ecosistemas marinos en el país.
Esos registros, junto con evaluaciones nacionales posteriores, permitieron observar la magnitud del problema. Según Sellares, cerca del 70 % de los sitios evaluados presentan coberturas inferiores al 5 %. En algunos lugares, la presencia de coral vivo cae incluso por debajo del 1 %.
La propuesta, que surgió en el marco de la colaboración con expertos mexicanos, funciona como una especie de banco genético marino que busca conservar la capacidad reproductiva de los corales para enfrentar un futuro marcado por temperaturas más altas, enfermedades y una menor capacidad natural de reproducción.
La estrategia consiste en recolectar los gametos y someterlos a criopreservación: un proceso de congelación mediante nitrógeno líquido que permite mantenerlos almacenados por largos períodos.
La bióloga marina recordó que los arrecifes no solo son estructuras biológicas. Funcionan como barreras naturales que reducen el impacto del oleaje, protegen las playas, sirven de refugio a peces y sostienen una parte importante del atractivo turístico.
¿Preservar o restaurar?
Sellares instó a reevaluar las acciones de conservación para entender que «preservar es más barato que tratar de restaurar. Tenemos que preocuparnos por preservar cada una de las colonias, dejarlas donde están para que sigan cumpliendo su función y reproducirlas».
La especialista indicó que la comisión de desove creada por Fundemar en 2019 trabaja para establecer, en varios puntos de la isla, grupos que puedan recolectar esperma y óvulos para la producción de nuevos corales que, aunque tardarían hasta 20 años en crecer, permitirían recuperar progresivamente el espacio perdido.
Sin embargo, Sellares advierte sobre la necesidad de pensar en acciones a escala nacional para que esa labor tenga un impacto real. De igual forma, resaltó la importancia de proteger las colonias de corales que están en el medio natural, una acción que podría fomentar la resiliencia en nuevos ejemplares, algo que ya se está observando actualmente.
«Las colonias que están bien, vivas y nadie las molesta, hay que conservarlas, porque si las tengo todas en acuarios y luego los bebés de estas son los que pongo en el mar, los padres quedarán desconectados de la situación del arrecife y no podrán transferir las habilidades de adaptación que necesitan los bebés», explicó.
Laboratorio de corales
En el marco de la ampliación de su laboratorio de corales, Fundemar desarrolla varias líneas de investigación con el objetivo de eficientizar los procesos de reproducción asistida y aumentar la supervivencia de los ejemplares.
«Tenemos alianzas en temas de transferencia de tecnología para reproducción asistida; con Coralium, en México; y ahora estamos transfiriendo tecnología de Australia, a través del Instituto Australiano de Ciencias Marinas (AIMS, por sus siglas en inglés), para eficientizar los procesos», indicó Sellares.
Explicó que la alianza con AIMS permite obtener un mayor volumen de larvas, además de incrementar la supervivencia de los ejemplares gracias a una mejora en la circulación del agua utilizada.
Integración de erizos
La directora de Fundemar informó que otra línea de investigación que desarrolla la entidad, junto a especialistas de Puerto Rico, está relacionada con la integración del erizo Diadema, un herbívoro esencial para controlar el crecimiento excesivo de algas sobre los arrecifes.
De acuerdo con lo explicado por Rita Sellares, la población de erizos también sufrió una mortalidad masiva.
«Estamos tratando de que ese suelo donde ponemos los bebés (corales) tenga erizos y algas coralinas incrustantes (CCA, por sus siglas en inglés), que ayudan mucho a los bebés; que el entorno esté en buenas condiciones para que, cuando pongamos los corales, tengan el mejor suelo posible», explicó.
¿Una roca o un animal?
La creencia de que los corales son rocas o plantas constituye el principal mito alrededor de estas especies marinas, señala María Villalpando, gerente de Investigación y Desarrollo de Fundemar, durante un recorrido por el laboratorio experimental de la entidad.
«Los corales son animales. Su esqueleto lo forman a partir de carbonato de calcio; por eso parecen rocas, pero sobre ese esqueleto tienen tejido», detalló.
Villalpando explica el proceso de reproducción de la especie: «Como animales, los corales también pueden reproducirse sexualmente, pero como no pueden desplazarse, liberan los huevos en el agua para que, ese mismo día, la especie los libere simultáneamente y puedan encontrarse, fertilizarse y generar nuevos individuos», sostuvo.
Educación e impacto comunitario
Para la gerente de Investigación y Desarrollo de Fundemar, más allá del trabajo de conservación realizado, aún es necesario que la población, residente en una isla, tome conciencia sobre estas y otras especies y su importancia.
«Nosotros podemos producir un millón de larvas y trasplantar un millón de corales, pero si no hay tratamiento de aguas residuales, si no reducimos las emisiones de carbono y la contaminación por plásticos, y si no contribuimos desde nuestro lado, todo ese trabajo se pierde», indicó.
Entendiendo la importancia de concienciar a las poblaciones locales, Fundemar ha abierto las puertas de la institución a jóvenes oriundos de Bayahíbe, a fin de que puedan aprender sobre la labor que realizan y replicar la importancia de conservar estos espacios, que forman parte de su entorno.
Es el caso de Wilkin Espique y Michael del Rosario, quienes narraron sus experiencias en la entidad e instaron a las comunidades costeras a buscar conocimiento sobre los ecosistemas marinos. Del Rosario reflexiona: «cuando entiendes el beneficio que ese ecosistema te provee, al final ves que es nuestro aliado más fuerte».
