Más allá de simpatías políticas, hay figuras públicas que terminan imponiéndose por carácter, preparación, capacidad de comunicación y la forma apasionada con la que defienden sus ideas.

Por Ángel Puello 

Hay artículos que uno  deja pendientes durante meses porque entiende que necesitan tiempo, observación y madurez para poder redactarlos con justicia. Este artículo sobre Eddy Alcántara estaba pendiente terminarlo  desde diciembre pasado.

Y hoy, finalmente, decidí completar los puntos pendientes.

Dentro de los trabajos de opinión que normalmente realizo una vez por semana, donde selecciono figuras públicas dominicanas para analizar sus trayectorias, sus estilos y sus aportes, esta vez me ha tocado detenerme en la figura de Eddy Alcántara: dirigente político, abogado, comunicador y funcionario público.

No necesariamente desde la cercanía política. No necesariamente desde la coincidencia ideológica. Pero sí desde la observación objetiva.

La primera vez que observé con detenimiento a Eddy Alcántara fue durante su participación como comentarista en “El Gobierno de la Tarde”, de la Z101.

Recuerdo perfectamente aquellos años donde, por razones de trabajo, me tocaba desplazarme durante las tardes por distintos lugares del país. Y algo me llamaba poderosamente la atención: la reacción de la gente cuando él hablaba.

Muchos de los que iban conmigo decían frases como:
“Ese hombre sí sabe decir las cosas”.
“Oye cómo explica”.
“Ese hombre convence”.

Y no era casualidad.

Había una especie de magnetismo comunicacional. Una capacidad poco común de conectar con la gente, de transmitir seguridad y de defender una idea con firmeza sin perder fluidez.

Incluso recuerdo que una persona cercana que escuchaba diariamente el programa se molestaba cuando Eddy faltaba:
“No es lo mismo cuando él no está”.

Y sé perfectamente que ese sentimiento lo compartían miles de oyentes.

Desde ahí entendí que estábamos ante alguien con un enorme potencial comunicacional. Pero también observé otra cosa: sus preocupaciones políticas por el país, su capacidad de análisis y la manera insistente en que proponía soluciones a problemas nacionales.

La radio fue, sin duda, una plataforma que ayudó a que muchísima gente conociera a Eddy Alcántara y comenzara a verlo como un político con futuro.

Luego llegó su designación como director ejecutivo de Pro Consumidor.

Y ahí comenzó, posiblemente, la prueba más difícil de su carrera pública.

Porque Pro Consumidor no es un cargo cómodo. Es una posición donde constantemente se enfrentan intereses económicos, presiones políticas, grupos empresariales, debates mediáticos y crisis relacionadas con precios, productos y protección al consumidor.

Es un puesto donde cualquier decisión puede generar enemigos.

Y precisamente ahí fue donde Eddy Alcántara mostró una faceta distinta: la del funcionario de confrontación cuando entendía que había que actuar.

Se le vio enfrentar con firmeza temas delicados relacionados con productos adulterados, operativos, fiscalizaciones y denuncias públicas. Se le vio asumir posiciones arriesgadas. Se le vio actuar con determinación aun sabiendo que determinadas acciones podían traer costos políticos.

Y eso, guste o no, hay que reconocerlo.

También le ha tocado navegar uno de los escenarios más difíciles para cualquier funcionario: el tema de los precios.

Porque muchas veces dicen que  los aumentos responden a factores internacionales, conflictos globales, transporte, materias primas o inflación importada. Pero al mismo tiempo, existe una parte de la población que atribuye ciertos aumentos a políticas gubernamentales internas.

Moverse entre esas dos narrativas no es fácil.

Sin embargo, algo que debo reconocerle es su extraordinaria capacidad de vocería.

Tiene el don de convencer.

Tiene una facilidad natural para ir a los medios, explicar temas complejos y salir bien parado incluso en escenarios difíciles. Y aunque alguien no coincida políticamente con él como puede pasarme en determinados momentos hay que admitir que posee una habilidad comunicacional que muy pocos funcionarios tienen hoy en la República Dominicana.

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