Por: Ángel Puello
Han pasado 14 años desde la partida física de Rafael Corporán de los Santos, pero su nombre continúa vivo en la memoria colectiva de los dominicanos. Corporán no fue únicamente un animador o productor de radio y televisión; fue un fenómeno social, un comunicador que supo interpretar el pulso del pueblo y convertir la comunicación en un puente entre la gente sencilla y los centros de poder.
En una sociedad donde muchas veces la voz de los sectores populares queda relegada, Corporán se convirtió en un canal directo para el ciudadano común. Desde la radio y la televisión abrió micrófonos, visibilizó problemas sociales y dio oportunidades a quienes nunca habían tenido un espacio. Por eso, si las ciudades honran a quienes contribuyen a transformar su historia, dedicar una calle con su nombre no sería un gesto simbólico menor: sería un acto de justicia histórica.
Existen múltiples razones que sustentan este reconocimiento.
Primero, Corporán democratizó la comunicación. En una época en la que la radio y la televisión estaban dominadas por élites, él llevó los medios a los barrios y a la gente trabajadora, permitiendo que miles de dominicanos se sintieran representados en los micrófonos.
Segundo, impulsó decisivamente la música dominicana. Su plataforma mediática sirvió de vitrina para innumerables artistas de merengue y música popular, contribuyendo a fortalecer nuestra identidad cultural y a proyectar talentos que luego se convirtieron en figuras emblemáticas.
Tercero, revolucionó la televisión sabatina. Con el histórico programa Sábado de Corporán estableció una nueva forma de hacer televisión en la República Dominicana, combinando entretenimiento, solidaridad y participación popular, convirtiéndose durante años en uno de los espacios de mayor audiencia y facturación.
Cuarto, generó empleos y oportunidades. A través de su emporio radial y televisivo, decenas de comunicadores, técnicos, productores y talentos emergentes encontraron una plataforma para desarrollarse profesionalmente.
Quinto, practicó la solidaridad como parte esencial de su comunicación. Corporán ayudó a miles de familias con medicinas, materiales de construcción, alimentos y apoyo económico. En muchos casos, esas ayudas se realizaban sin cámaras ni publicidad.
Sexto, dio voz al emprendedor dominicano. Pequeños y medianos comerciantes encontraron en sus programas un espacio accesible para promocionar sus negocios cuando otros medios les cerraban las puertas.
Séptimo, proyectó la dominicanidad más allá de nuestras fronteras. Su programa llegó a transmitirse en más de cien países, conectando a la diáspora con su cultura y sus raíces.
Octavo, influyó en la vida política y social del país. Su capacidad de comunicación lo convirtió en un actor relevante en los debates nacionales y en procesos electorales, evidenciando el poder real de los medios masivos.
Noveno, representó el ejemplo de superación personal. De origen humilde, construyó un poderoso proyecto mediático basado en disciplina, visión empresarial y trabajo constante.
Décimo, se convirtió en un símbolo popular. Para muchos dominicanos, Corporán no era solo un comunicador; era una figura cercana, casi familiar, que acompañaba los fines de semana de millones de hogares.
Las ciudades no solo se construyen con cemento, avenidas y edificios. También se edifican con memoria, gratitud y reconocimiento. Nombrar una calle en honor a Rafael Corporán de los Santos significaría agradecerle al hombre que acompañó generaciones, que abrió puertas a tantos talentos y que utilizó la comunicación como instrumento de ayuda y transformación social.
Catorce años después de su partida, su legado sigue caminando junto al pueblo dominicano. Tal vez ha llegado el momento de que ese mismo pueblo también pueda caminar por una calle que lleve su nombre.
