Por José Alfredo Guerrero

Estas son dos atrocidades recientes que se deben frenar antes de que pasen al enorme arsenal de la mala economía donde están los controles de precios, las tasas óptimas de tributación, los incentivos tributarios fomentar inversión privada, el mercado nacional para el producto criollo y otras municiones fatales para el desarrollo económico que solo es posible en plena libertad.

La primera se ha popularizado después de dos exitosas emisiones de acciones (una empresa privada y un banco múltiple).

Emitir acciones al público, dejar de ser una empresa de un único o pocos dueños vendiendo participación a un número mayor de personas físicas o jurídicas, se está alabando como algo con valor intrínseco o una condición virtuosa a la que deben aspirar las empresas.

Las que democratizan, nos invitan a ti y a mí a ser dueños, son mejores que aquellas con dictadura accionaria para las cuales no existimos.

Siga en redes sociales aquellas que tienen que juntar dos salones de un hotel para realizar su asamblea, no a las que resuelven todo por asamblea de escritorio o en el salón privado de un restaurante discreto.

Eso es absurdo. La composición del pasivo y capital de una empresa refleja, simplemente, las preferencias de los dueños sobre las formas en que deciden endeudarse y conformar o aumentar el patrimonio.

Un consumidor que tiene de frente dos bienes que para él son homogéneos (similares en calidad y precio al punto que pueden ser intercambiables) no deja de hacer un tin marín aunque tenga la información que los dueños tienen preferencias asimétricas para levantar fondos.

Una empresa A, en que sus dueños se sienten cómodos con el trato preferencial reciben de un banco múltiple para sus necesidades de liquidez, no pierde valor frente a B, su competidor, que ha decidido brincar a los bancos para endeudarse directamente con emisión de bonos corporativos.

En nada desmerita a los dueños de la empresa A que no quieran complicarse buscando nuevos socios. Están felices con la forma como los tres dueños han llevado por años la compañía y nada tienen que envidiar a B, que después de su oferta pública de acciones celebra asamblea con trescientos accionistas (porque nadie le firma una representación o proxy a nadie).

En el caso de la reciente emisión de acciones por una entidad bancaria se comete ese error de atribuirle un valor intrínseco por “democratizar capital” con un agravante: se trata de acciones preferentes donde, si se ha seguido el estándar de emisión, es un tipo de acción que limita la participación del que la adquiere sobre las decisiones de la empresa.

Es decir, quien opta por una acción que le garantiza dividendos y prelación en el cobro en caso de quiebra sobre acciones comunes es obvio que algo sacrifique. Noten que se desprende el comprador del derecho de votar, justamente lo que define la democracia.

Lo de la expropiación piadosa por el bien de los jóvenes peloteros de un porcentaje del 25% del bono con lo que firman su entrada a las grandes ligas es espantoso.

Pero más espantoso es ver la defensa que este atropello tipo Chavista Light hacen “educadores financieros”. El poder político llamado a salvar la salud financiera en el largo plazo de jóvenes atletas que administraran mal el dinero que van a recibir. Lo van a gastar en autos alta gama, lujos y mujeres.

Chapulín al rescate, imponiendo su voluntad sobre legítima propiedad de activos de un adulto (cuando firman con más de 18 años) o de la de los padres sobre sus retoños que pusieron a batear pelotas antes de caminar.

Después nos sorprendemos por la naturalidad con que los políticos hablan de quitar a los padres la patria potestad, darles tratamiento hormonal para cambio de sexo sin consentimiento de los padres y obligar a niños en escuelas públicas a ver shows de trasvestis.

Si te gustó compartelo!