La reventa no salva la imagen de la industria de la moda, una de las más contaminantes del planeta.

Pocos sectores promocionan sus credenciales de sostenibilidad con más fuerza que la industria de la moda. Productos que van desde trajes de baño a vestidos de novia se comercializan como positivos en huella de carbono, orgánicos o veganos, mientras que las esterillas de yoga hechas de setas y las zapatillas de deporte de caña de azúcar salpican las estanterías de las tiendas. Nuevos modelos de negocio como el reciclaje, la reventa, el alquiler, la reutilización y la reparación se venden como salvavidas del medio ambiente.

Sin embargo, la triste realidad es que toda esta experimentación y supuesta «innovación» en la industria de la moda en los últimos 25 años no ha conseguido reducir su impacto planetario, una sonora llamada de atención para quienes esperan que los esfuerzos voluntarios puedan abordar con éxito el cambio climático y otros grandes retos a los que se enfrenta la sociedad.

Las razones del declive sostenible de la industria son complicadas. La presión por un crecimiento incesante, unida a la demanda de moda rápida y barata por parte de los consumidores, han contribuido en gran medida. También lo es el hecho de que los precios reales del calzado y la ropa se hayan reducido a la mitad desde 1990 y que la mayoría de los nuevos artículos se fabriquen con materiales sintéticos no biodegradables derivados del petróleo.La industria de la moda es una de las más contaminates del planeta. Foto: Getty Images.

Impacto medioambiental

El impacto medioambiental negativo exacto de la industria de la moda sigue siendo desconocido, pero es considerable. Los límites de la industria se extienden por todo el mundo y su cadena de suministro de múltiples niveles sigue siendo compleja y opaca.

Gracias a la liberalización del comercio, la globalización y la persistente presión de los costes, muy pocas marcas son propietarias de los activos de sus fábricas ascendentes, y la mayoría de las empresas subcontratan la producción final.

Esta complejidad y falta de transparencia hacen que las estimaciones del impacto del sector en las emisiones de carbono oscilen entre el 4% (McKinsey y la Agenda Mundial de la Moda) y el 10% (ONU) del total de las emisiones mundiales de carbono.

El fracaso de la reventa

La reventa se ha convertido rápidamente en la iniciativa elegida por las marcas de moda que quieren reducir su huella de carbono, plástico y agua o, al menos en algunos casos, convencer a los compradores ecologistas de que lo están intentando. Pero el problema es el siguiente: hasta ahora, ni siquiera marcas expertas como Patagonia o Shein han conseguido que la venta de segunda mano represente más que una pequeña parte de sus beneficios.

Cada vez más, otras marcas de moda adoptan iniciativas «circulares» similares, llamadas así porque mantienen los materiales en uso repetido. Marcas como Lululemon, Vince, Express, J.Crew, H&M o Juicy Couture han lanzado en los últimos años sus propios servicios de reventa, alquiler o reciclaje, sumándose a gigantes de la reventa y el alquiler multimarca como Poshmark, the RealReal y Rent the Runway.

El concepto de estos modelos de negocio no es nuevo -basta con echar un vistazo a las tiendas de segunda mano y a los servicios de alquiler de esmoquin para comprobarlo-, pero las marcas de moda tradicionales los están adoptando con una nueva intensidad, a menudo como una forma de ayudar a los clientes no sólo a estar guapos, sino también a hacer un bien al planeta.

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